LA GUARDA SUBMARINA DEL VINO EN PLENCIA

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De Woodym555, CC BY-SA 3.0, Enlace

Vestido con traje de neopreno, Borja Saracho se zambulle en el mar para verificar el buen estado de los sensores tras sumergir con la ayuda de una pequeña grúa, 2.500 botellas de vino, para que envejezcan bajo el mar. Un mercado cada vez más conocido en España.

Vino de Plencia

Desde hace varios años, este aficionado al submarinismo no bebía vino. Desde entonces tenía en mente, con 44 años, la creación de la bodega Crusoe Treasure, en la coqueta bahía de Plencia, al norte de Bilbao. “Siempre me atrajeron los naufragios y los tesoros escondidos””.

Desde 2013 Crusoe Treasure está presente en el mercado con esta gran bodega submarina que tiene la concesión de 500 metros cuadrados. Señal de su crecimiento es que prevé vender este año unas 30.000 botellas de tinto y de blanco en España, Bélgica, Suiza, Alemania, China y Japón, que  respecto a 2017, solamente fueron unas 7.000.

El vino submarino

Crusoe Treasure vende sus botellas a partir de 60 €, existiendo una decena de productores en la actualidad dedicados al mercado del vino submarino en España, una actividad que también existe en Italia, Francia y Chile.

El interés es doble: ofrecer un vino raro, escapando de las restricciones impuestas por las denominaciones de origen (D.O.C), en base a las variedades y a la localización. La producción de un vino submarino cuesta en cambio entre un 25 y un 70% más que un vino “terrestre”, por qué prima la diferenciación.

Los inversores piensan que no se trata de una moda al so, sino más bien de una técnica que puede mostrarse muy útil a medio plazo y aportar notas que lo hacen más atractivo para el público. (Según indica Rafael del Rey, director del Observatorio Español del Mercado del Vino, OeMv).

Vinos frescos y florales

El envejecimiento del vino bajo el mar, con su mareas, sus corrientes y sus olas, obliga a trabajar con vinos “muy robustos”, explica Antonio Palacios, el enólogo de Crusoe Treasure.

La mayor parte de los vinos con guarda en barricas en las bodegas de Crusoe Treasure provenientes de todas las regiones de España, acaban su guarda en botellas que disponen de un corcho especial selladas con cera, que se depositan durante 6 a 12 meses a unos 20 metros de profundidad en el interior de jaulas metálicas.

El hotel Cala Joncols trabaja con vinos jóvenes, que se embotellan después de permanecer sumergidos en ánforas a 17 metros de profundidad.

La idea, es evitar el aroma de madera debido al envejecimiento en barrica y así conservar sus aromas primarios de fruta, flores y minerales, según aclara Josep Lluis Vilarasau.

Las diferencias son notables según él: “los colores son más intensos y brillantes” a la vista, la concentración de aromas es mucho mayor en nariz y presentan mayor voluminosidad y frescor en boca.

Un mundo por descubrir

En nuestra Galicia otro productor desde 2003 en el noroeste de la comunidad sumere unas 1.200 botellas anuales. Y, también, otra empresa del sudeste gallego prevé conseguir una producción anual de entre 50.000 y 60.000 botellas.

En las Islas Canarias, María Nancy Castro Rodríguez, propietaria de la bodega Palmera Castro y Magán insiste en el aspecto aventurero de este nicho de mercado que cuenta con escasa información, bibliografía ni base analítica ni práctica.

Aún poco conocidos

Del gran público, los vinos submarinos son una rareza en las cartas de los restaurantes. Si bien el sumiller Josep Lluis Vilarasau  espera que a los vinos submarinos les llegue la misma oportunidad que a los vinos naturales, sin productos químicos añadidos y que han ganado terreno en el mercado desde hace 10 años. “Se trata de modas con un principio difícil, pero si el consumidor empieza a degustarlos y a aceptar el producto, el consumo se dispara”.

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