EL AGUA Y LA VIÑA

De vez en cuando, las sequías y sus consecuencias son noticia televisiva y en cualquier otro medio de comunicación, este año más que nunca, con lo unidos que están el agua y la viña. A pesar de ello, parece como si esto  no fuera con la mayor parte de los mortales, que ven el fenómeno como algo meramente coyuntural, pasajero, pese a la amenaza de abrir el grifo y no salir ni una sola gota de agua, gesto por otra parte sumamente frustrante y contrariante, una posibilidad por cierto, que no está lejos de tener lugar, dado que en algunas zonas del mundo desarrollado ya está ocurriendo, como es el caso de California. Hoy, nos pareció oportuno aportar algunos datos y cifras al respecto el agua y la viña desde decataencata.com.

Os recomendamos la lectura de la novela de Jarrod y Neal Shusterman, Sed*, una ficción aterradora pero amenazadoramente plausible.

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Según la Unión Europea, atravesamos un período de sequía como no recordábamos y que todavía hoy, con escasas precipitaciones aún perdura, mientras que la vendimia prácticamente se ha acabado en Galicia y en otras regiones de España y Portugal, precisamente por su adelanto (de media entre 15 y 21 días).

En general se trata de una cosecha escasa (-21 %) en cuantía y en brillantez, con racimos y bayas pequeños por la falta de agua, debido al enlentecimiento de la viña por el calor y el estrés hídrico, con maduraciones poco uniformes, pH desequilibrado y acidez a la baja.

Tanto las viñas regadas con su goteo como las viñas de secano se han visto afectadas, variando la intensidad según la localización, orientación al sol, tipos de suelo y conducción de la viña.

Una industria, la vitivinícola absolutamente dependiente del agua, y una duda: ¿podremos en un futuro próximo contar con agua para regar?

Todavía son pocos los productores preocupados y comprometidos seriamente con este más que serio asunto, quizá por su dimensión, sólo percibimos una auténtica concienciación sobre el problema de la sequía en los viticultores mayores, que están totalmente decididos a buscar soluciones. El agua y la viña deben ir de la mano.

Me llama la atención cuando visito algunas de nuestras bodegas de pequeños productores/elaboradores, aparentemente comprometidos con la problemática medio ambiental, ver como dejan correr el agua con las mangueras abiertas en la bodega como si se tratara de un recurso inagotable. Sin, por otra parte, plantearse la optimización científica del recurso agua, mediante su reutilización en la bodega y no sólo para sí mismo: “como produzco poco vino, gasto poca agua”, algo que no funciona así. Lo mismo que tiene lugar cuando decimos que dos personas producen menos residuos que ocho y, que por tanto podemos producir más basura.

Lo cierto es que la cuestión no está en el volumen total de agua consumido, sino en cuánta agua consumo por cada litro de vino producido.

Los cálculos relativos al consumo de agua en la producción de vino están condicionados, naturalmente, por la enorme diversidad existente en el sector. Así, por ejemplo, se estima que, a nivel mundial y, de media, son necesarios 870 litros de agua para producir un litro de vino*, mucho menos, que el café (1056 litros de agua por litro de café, zumo de manzana (1140 l/l, leche (1021 l/L), trigo para elaborar pan (1608 l/kg), arroz (2497 l/kg), mantequilla (5550 l/kg), carne de vaca (15500 l/kg) o chocolate (17000 l/kg), cerveza 298 l/l…

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Es sabido y conocido que mediante los procesos de optimización aplicados en la viña y en la bodega, es posible reducir el gasto en agua vitivinícola en un tercio del actual. Para ello basta con que los productores/elaboradores interioricen la absoluta necesidad de afrontar y resolver el problema.

El agua es un bien limitado, como se objetiva hoy en día de forma descarnada y en el futuro cercano. Utilizarla con la máxima eficacia, efectividad, eficiencia y racionalidad es un imperativo, más impactante en términos de cuidado ambiental y sostenibilidad que plantar y conducir una viña biológica. Si queremos que perdure la viña, el agua y la viña deben relacionarse de forma más sostenible.

Todo lo dicho deben aplicarlo el que produce y elabora el vino pero también quien lo bebe mejor que vayamos regulando y cerrando el grifo todos.

MUSICANDO

La fotografía

Viñedos del Valle de Apalta en Chile. Clos Apalta/SDP

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