DESCUBIERTO UN CIRCUITO CEREBRAL QUE CONTROLA EL CONSUMO COMPULSIVO DE ALCOHOL

callejon de la ginebra

Gin Lane («El callejón de la ginebra» – 1751), obra del pintor y grabador William Hogarth, donde se ilustran los estragos y excesos de la ginebra en la Inglaterra del siglo XVIII.

Un circuito neuronal localizado en el cerebro de ratones controla el desarrollo de trastornos de consumo compulsivo de alcohol, según una nueva investigación del Instituto Salk (Estados Unidos) publicada en Science. Estos resultados identifican un biomarcador que, si los hallazgos se trasladan a humanos, podría convertirse en una diana terapéutica para los trastornos por consumo de alcohol.

«Espero que este sea un estudio histórico, ya que hemos encontrado un circuito cerebral que puede predecir con precisión qué ratones desarrollarán consumo compulsivo de alcohol semanas antes de que comience el comportamiento», destaca la investigadora Kay Tye.

«Esta investigación cierra la brecha entre el análisis de circuito y la investigación de alcohol/adicción, y proporciona una primera visión de cómo se desarrollan las representaciones del consumo compulsivo de alcohol a lo largo del tiempo en el cerebro», añade.

El equipo de Tye buscó descubrir en primer lugar los circuitos cerebrales responsables de una predisposición para el consumo compulsivo de alcohol, lo cual no había sido estudiado previamente.

«Inicialmente buscamos entender cómo se altera el cerebro por el consumo excesivo de alcohol para impulsar el consumo compulsivo de alcohol -señala Cody Siciliano, primer autor-. En el proceso, nos topamos con un hallazgo sorprendente en el que pudimos predecir qué animales serían compulsivos en función de la actividad neuronal durante la primera vez que bebieron».

Los autores crearon una prueba llamada tarea de compulsión inducida por atracones (BICT) para examinar cómo la susceptibilidad al consumo de alcohol interactúa con la experiencia para producir consumo compulsivo en ratones.

El BICT permitió a los investigadores examinar el consumo de alcohol y el consumo con consecuencias negativas, como un sabor amargo agregado al alcohol.

A través de una serie de pruebas, observaron que los ratones podían clasificarse en tres grupos: bebedores bajos, bebedores altos y bebedores compulsivos. A diferencia de los dos primeros grupos, los bebedores compulsivos mostraron insensibilidad a las consecuencias negativas.

Luego utilizaron una técnica de imagen llamada imágenes de calcio con resolución de células individuales micro endoscópicas para registrar las células y las regiones cerebrales de interés antes de beber, durante la bebida y después de beber alcohol.

Específicamente, analizaron la actividad neuronal en dos regiones involucradas en el control del comportamiento y respondiendo a eventos adversos: la corteza prefrontal medial y la materia gris periacueductal, respectivamente. Descubrieron que el desarrollo del consumo compulsivo de alcohol estaba relacionado con los patrones de comunicación neuronal entre las dos regiones del cerebro, y constituían un biomarcador para predecir el consumo compulsivo futuro.

Además, los investigadores utilizaron la optogenética para controlar la actividad de la vía neural utilizando la luz. Al encender o apagar el circuito cerebral, los científicos pudieron aumentar el consumo compulsivo de alcohol o reducirlo.

«Ahora, podemos mirar dentro del cerebro y encontrar patrones de actividad que predigan si los ratones se convertirán en bebedores compulsivos en el futuro, antes de que se desarrolle la compulsión -asegura Tye-. No sabemos si este circuito cerebral es específico para el alcohol o si el mismo circuito está involucrado en múltiples comportamientos compulsivos diferentes, como los relacionados con otras sustancias de abuso o recompensas naturales, por lo que es algo que debemos investigar”. Ahora la comunidad científica deberá planificar secuenciar estas neuronas del tronco encefálico cortical para identificar objetivos que podrán utilizarse terapéuticamente.

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