VINOS SANOS, VINOS “ÉTICOS”

viñedo del sello microvinya
Viñedo del sello Microvinya.

Resulta curiosa la idea de asociar al vino el concepto de ética…Con una superficie agrícola de tan apenas el 3% del total, el viñedo francés consume cerca del 20 al 25% de los pesticidas, con un grave impacto sobre la salud de los habitantes de las zonas de explotación. De este modo se condena a las futuras generaciones a ser víctimas de la industria química con el señuelo de evitar el hambre e hipotecando la posibilidad de una nutrición correcta el día de mañana para nuestros  hijos y nietos.

Condenar a los agricultores en general y a los viticultores en particular por algunos euros en lugar de retribuir de forma justa su esfuerzo y anhelos en pos de un mundo produciendo para comer, nutrirse y saborear, es pan para hoy y hambre para mañana. Se puede ganar dinero sin plásticos inútiles renunciando a esta visión corta (tee-shirt) que nos lleva a tropezar siempre en los mismo sin saber dirigir u orientar un futuro mejor para todos… Detengamos este derroche perverso.

Tras la filosofía pasemos a lo práctico

  •  Lo “bio”: beber ético supone beber vinos sin impacto negativo  medio-ambiental. Beber bio parece ser la solución. Para ello, trabajar con tractores de energía eléctrica, disminuir el grosor de las botellas bordelesas, la reutilización de las mismas, sería un primer paso hacia el mundo del consumo ético, más respetuoso con el medioambiente. Beber vinos “bio” y biodinámicos refuerza esta acción.
  • Paga con arreglo a su valor: cada vez que adquieras algo, piensa en si la empresa que lo produce paga sus impuestos adecuadamente, si contribuye justamente a la creación de valor, el auténtico trabajo, piensa pues a quien vas a darle tu dinero, pregúntale e infórmate a través de quien te surte y obtendrás la respuesta a tus interrogantes éticos. Beber, sí, pero,en función de tus gustos personales y de aquellos que te parecen éticos pero no caigas en el error caricaturesco de beber de lo que producen los grandes grupos empresariales (y a veces no tan grandes) como bio, remunerando la uva de pequeños productores sólo si pagan a un precio justo la misma.
  • Invertir en viñedos: el retorno de la inversión se estima en 10 años, horizonte temporal que permite mantener un viñedo y apostar con seguridad y fuertemente hacia una economía rural perenne con una participación ética a la sociedad. En Portugal participé recientemente en una cata de la cosecha francesa “Fruit défendu” del 2017 elaborada en la bodega “Vin de copains” que reúne a 75 pequeños inversores (250 euros la participación social), siguiendo un modelo interesante para los viticultores del interior francés. 
  • Tener una actitud abierta: evitando las ideas fijas y el bloqueo que conlleva. ¿Beber un vino rosado de menos de 12 meses, en lata sería necesariamente un crimen si esta pudiera reciclarse y fuera menos polucionante? ¿Prefieres que la cápsula de la botella sea reciclable o acaso sería más sostenible utilizar tapones de plástico? Pongamos la innovación al servicio de la ética y del medio-ambiente, pero ¿estamos dispuestos a pagarlo?… La felicidad es la recompensa a la inversión ética en sus diversos plazos.

El sello Microvinya

“Para nosotros el vino es nuestra forma de vida, lo hemos interiorizado así y forma parte de nosotros, por lo que parece lógico trasladar como entendemos la vida en general a nuestra pasión, el vino, de este modo y tras una de esas largas charlas que acostumbramos a tener entre los tres, surge el concepto de Vino Ético”.

“Porque hay muchas cosas que a veces parecen obviedades y que no se practican en el día a día… como por ejemplo los conceptos de la honestidad”.

Creemos firmemente y por eso lo practicamos, aquello del precio JUSTO y DIGNO para el agricultor por kilo de uva, porque el campo es la base indispensable y el trabajo del agricultor es esencial para que podamos disfrutar un día cualquiera de una copa de vino sólos pero también con buena compañía. Y, ¿por qué en mayúsculas? Porque evidentemente no toda la uva tiene el mismo valor, pues según las características de la misma, va destinada a un producto final u otro, de ahí el concepto de justo y digno, porque el agricultor tiene derecho a ganarse la vida con su trabajo sin esperar a la subvención de turno.

En Bodegas Gratias lo que hacemos es promover la recuperación de ese patrimonio tan valioso que tenemos como es la uva Bobal, viñedos viejos, poco productivos que no se valoran porque han pasado su “peak” productivo y ya no son rentables para llevarlos a la cooperativa, que nuestro vecino agricultor mayor está decidido a arrancar para plantar planta joven en el mejor de los casos y en el peor, abandonar el cultivo. También nos aliamos con ese agricultor joven, que quiere cambiar las cosas, que vuelve al pueblo a recuperar el viñedo que sus padres ya no van a trabajar y que tiene la ilusión de ver cómo con sus manos y el esfuerzo de su trabajo pone de nuevo en marcha sus viñedos. A este agricultor le asesoramos e indicamos cómo queremos que cultive la parte del viñedo cuya uva compraremos.

Y nosotros en nuestro propio viñedo, practicamos las técnicas que hemos aprendido trabajando para otros en Alicante, Valencia, Montsant, Albacete, Chile, Argentina y Nueva Zelanda, aplicando nuestros conocimientos con el objetivo final de conseguir ese racimo de bobal que alcance la excelencia dejando al propio viñedo ser y sentir. Nuestro majuelo es nuestro pequeño campo de pruebas en el que deshojamos o aplicamos nuevos productos ecológicos, o hacemos distintas pruebas de poda, en definitiva, un pequeño paraíso en el que comprobamos lo increíblemente difícil de manejar que es este cultivar.

Del campo a la bodega, donde somos consecuentes con todo el trabajo y mimo que durante el año hemos invertido en el viñedo, de este modo lo que hacemos es intentar obtener el máximo potencial de esas joyas de racimos, supliendo la falta de medios con conocimientos técnicos.

Nuestro objetivo: obtener un vino que se pueda disfrutar en su plenitud, sin maquillajes, sin mal venderlo por no ser digno de ser monovarietal.

Finalmente finalizamos nuestro concepto de Vino Ético con la comercialización del mismo, minimizando los intermediarios, vendiendo el vino a precios que sean asequibles a todos los bolsillos, pues queremos socializar el consumo de vino de calidad, porque nuestra producción es limitada, pero no por ello prohibitiva.

Alguien nos dijo que estamos locos, pero no hay nada que satisfaga más nuestros corazones que ver cómo la gente disfruta con nuestros vinos, bueno eso, e intentar colaborar con nuestro granito de arena en el logro de un mundo mejor para nuestros hijos.

El Diccionario de la Real Academia Española define el minifundio como “finca rústica, que por su reducida extensión, no puede ser objeto en sí misma de cultivo en condiciones remuneradoras”. Un empresario de Muro de Alcoy se ha empeñado en contradecir a la RAE.

Juan Cascant, copropietario de la bodega el Celler de la Muntanya y precursor del sello Microvinya, lleva varios años demostrando con hechos y con cifras, que este modelo de agricultura, “terriblemente denostado y sinónimo de pobreza” no sólo es rentable económicamente, sino generador de riqueza social, medioambiental y cultural.

Los siete vinos que elabora esta empresa vitivinícola de L’Alcoià—Comtat proceden todos de microviñas: pequeños bancales (algunos nuevos, otros recuperados) de Muro, Beniarrés o Gaianes donde se cultivan las mismas variedades de uva desde hace siglos. Las tierras pertenecen a arquitectas, abogados, electricistas, carniceros, profesoras, amas de casa y algún que otro agricultor. En total, 28 micro viñedos integran el proyecto y cada uno mantiene con la bodega un acuerdo de remuneración distinto.

El  proyecto lo integran un total de 28 pequeños propietarios de viñedos

“Lo que nuestra etiqueta acredita” explica Cascant, “es que al productor se le ha pagado de forma justa”. Para poder reproducirlas se tiene que poder constatar además “que se trabaja con respeto a la madre Tierra y con variedades autóctonas; que hay una intención de formar parte del entorno y generar una actividad social vinculada al campo y, por último, que la promoción del producto se realiza a través de  nuestra cultura”.

Con esta filosofía, el Celler de la Muntanya ha conseguido entrar con muy buen pie en el mercado norteamericano y en el alemán, donde algunos de sus caldos, como Celler de la Muntanya-Negre o Lliure Albir se pueden degustar en restaurantes y adquirirse en tiendas gourmet.

“Por supuesto que el concepto ético reporta beneficios”, remarca Cascant, mientras recuerda que ni él, ni su amigo Toni Boronat, pretendían hacer ningún negocio cuando comenzaron su aventura, con varias cepas y una barrica. El vino les salió mejor de lo que esperaban y al no disponer de tierras ni recursos para comprarlas, propusieron a sus vecinos plantar uva como quien planta tomates, “para recuperar entre todos el paisaje, hacer vino de calidad y participar en una actividad lúdica”.

“Hacemos parques naturales y gastamos mucho dinero en salvaguardar nuestro paisaje, nuestro ecosistema mediterráneo, sin conseguirlo. Pero nuestro campo es minifundista y solo se salvarán si el hombre lo trabaja, y con ello el paisaje y el ecosistema, y además “gratis”, concluye.

Enlaces relacionados:

viñedo de celler
Viñedo del Celler.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.