LOS NUEVOS VINOS DEL MOSELA

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El río Mosela a su paso por Bremm. (Cuenca del Rin).

De Kiefer. from Frankfurt, Germany – Moselschleife Bremm, Rheinland-Pfalz, Germany, CC BY 2.0, Enlace

Mosel era una de las regiones más importantes de Europa en la Edad Media y hoy en día es una de las productoras más interesantes de vinos con la riesling como actriz principal. Al igual que en Alsacia o en Borgoña, la añada y la zona concreta en donde se desarrollan juega un papel esencial para entender el estilo de cada vino. Los grandes Rieslings son un tesoro para los sentidos, ácidos, frutales, minerales, profundos. Estos blancos merecen mención aparte ya que su complejidad los hace sumamente apreciados.

Información general

Superficie: 9.000 ha. Producción total: 956.000 hl. Varietales: riesling, müller-Thurgau, elbling.

Jacques Brel, canta en una de sus canciones esta pequeña estrofa:

“Puis on ira manger des moules et puis des frites, des frites et puis des moules et du vin de Moselle”, recordando las excelencias del vino de Mosela.

El Gris de Toul, el señor de los rosados, es uno de ellos.

A todo esto, hay que distinguir los vinos del Mosela alemán, luxemburgués y del francés (que es el que nos ocupa aunque sea brevemente). Los dos primeros producen vinos de una calidad larga y remotamente establecida. La francesa, conoció hacia 1880 un floreciente producción, antes de afrontar el declive inexorable. Eran los tiempos de la siderurgia, de los altos hornos, de antes de la Primera Guerra Mundial, con dolorosas cicatrices fronterizas que provocaron su retracción y la imposibilidad de que los vinos del sur pudieran llegar a seducir los paladares a través del ferrocarril.

Los matices sorprendentes de la Borgoña

La región del Mosela cambia. Hace unos treinta años el viñedo se hallaba abandonado y, es entonces cuando un puñado de viticultores decide hacer renacer su potencial dado que la vega protege a las viñas del frío y del calor, realmente intensos en estos pagos.

Los vinos del Mosela renacen a la sombra de los grandes, cuestión nada fácil dada la ilustre vecindad compartida al norte con la Alsacia, al este con la Champaña y al oeste con la Borgoña. Con total respeto vecinal, en el Mosela se cultivan diversas variedades: la pinot gris, la auxerrois y la pinot noir. Los viñedos se hallan implantados en torno a Metz, concentrando la mayor parte de los mismos. Se elaboran tintos borgoñones realmente sorprendentes y de gran calidad.

Pinot Gris es una cepa tinta, de baya de color azul grisáceo, con racimos en forma de piña, que durante mucho tiempo se consideró una mutación del Pinot Noir. Esta cepa es conocida desde la Edad Media, su origen (se supone) en la Borgoña. La región de mayor cultivo es Alsacia, en Francia, pero se le encuentra también en Italia como Pinot Grigio, en Hungría bajo el nombre de Szürkebaràt y en Estados Unidos, donde es el segundo varietal blanco más vendido. En general los vinos que se producen con Pinot Grigio son blancos, y sus tonalidades varían desde el amarillo dorado hasta el cobrizo, e incluso pueden tener tonos de rosa; son elegantes, equilibrados, con mucho cuerpo, elevada acidez, armoniosos, con recuerdos a ahumados y a frutas maduras, especialmente a melón y a manzana.

Tiene una guarda excelente en barrica de roble.

barricas de roble español
Barricas de roble español (Quercus petrea).

 

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