¡ALERTA RESTAURACIÓN!

restauración 

El pasado mes de septiembre el CDC de Estados Unidos de Norteamérica publicó un estudio en el que se indica que frecuentar los establecimientos hosteleros es un factor de riesgo para la transmisión del Covid-19 dado que en ellos se prescinde del uso de la mascarilla durante horas, recomendando sentarse en una mesa al aire libre y evitar entrar en el comedor del local por el elevado riesgo de contagio que ello supone, por lo que el sector hostelero deberá realizar un esfuerzo acondicionador y de adaptación a los rigores ambientales, mediante el debido acondicionamiento del interior y del exterior de sus instalaciones.

Nuestra especial idiosincrasia (que busca el contacto emocional), la relevancia del sector en el contexto económico y la excesiva celeridad en la desescalada ha llevado a situar al sector HORECA en el centro de la causalidad de los rebrotes del Covid-19, a lo que hay que sumar celebraciones familiares en las que escuchar y susurrar o hablar en voz baja parecen misión imposible, multiplicando la propagación viral cuando los recintos cerrados se comparten las más de las veces superando aforo y racionalidad.

Y, paradojas de la vida, cerramos parques al aire libre y abrimos cafeterías.

Poner a punto o instalar los sistemas de ventilación y renovación aérea de los ambientes interiores con los adecuados filtros debe ser hoy un objetivo central del sector.

Las comparaciones duelen pero ahí están. En el reciente estío hispano procedimos a la apertura de bares y restaurantes hasta un 60% de su aforo, mientras en USA los comedores interiores seguían cerrados aguardando su reutilización a un cuarto de su capacidad una vez acabara septiembre.

Me llama la atención en mi práctica clínica cotidiana como en los centros asistenciales primarios, en los picos de demanda, el aforo se ve desbordado, señalando una de sus eternas disfunciones, el desequilibrio entre oferta y demanda y la ausencia palmaria de un auténtico servicio de gestión integrada de pacientes y eso en plena segunda ola preconiza más contagios y a menor temperatura ambiental, mayor aglomeración, a lo que hay que sumar esa gripe a la espera de su actuación estacional, que pese a su presumible menor agresividad y prevalencia (la utilización de la mascarilla también ayudará)  a buen seguro aportará su granito de arena a aumentar el problema.

Indispensables e inevitables, nuestras actividades cotidianas (laborales, comerciales, tiendas, transporte) deberán acompañarse siempre del uso adecuado de la mascarilla y sobre todo cuando hayamos de compartir espacio con el resto de mortales.

En el contexto actual, el comedor de un restaurante es un lugar de alto riesgo en el que hablar, debe ser una práctica a minimizar y si tiene lugar, siempre con la mascarilla bien colocada y a metro y medio de distancia de con quien charlamos, es cuestión vital…

Muchas actividades son prescindibles y hasta que no alcancemos la normalidad, (una vez se controle el virus), no podemos seguir actuando normalmente.

¿Qué es lo que veo?, seguimos compartiendo platos, comemos  durante largos períodos sin volvernos a poner la mascarilla, en los intervalos en que no se sirven los platos tampoco la ponemos, si acudimos al aseo seguimos sin utilizarla  y, muchas veces, cuando nos disponemos a salir tampoco la volvemos a poner, compartiendo aerosoles y como no, contagios…

En el coche, más de lo mismo…

Para acabar, wine moderation, la euforia etílica aumenta nuestra tasa de olvido reciente, por tanto, bebe con moderación, 2 copas para el caballero y una para la dama.

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