METRODORA

metrodora 

A lo largo de la existencia del ser humano la tarea de cuidar ha sido responsabilidad de la mujer. Metrodora (c.200-400) cuya identidad se desconoce más allá de su nombre fue una médica griega autora del texto médico más antiguo conocido escrito por una mujer. Sobre las enfermedades y los cuidados de las mujeres, que aportó contribuciones decisivas en la etiología y la sintomatología de las enfermedades y fue ampliamente referenciado por otros escritores de medicina en las antiguas Grecia y Roma así como en la Europa medieval.

Posiblemente, su nombre resulte poco conocido para la mayoría. El misterio que rodea su vida, así como sus investigaciones, siguen siendo todavía caldo de cultivo de especulaciones y rumores. Lo que sí es cierto es que destacó como ginecóloga, partera y estudiosa de los problemas médicos femeninos, y que dejó escritos por orden alfabético todos sus descubrimientos.

Se cree que Metrodora nació en Egipto, entre el 200 y 400 d. C. Extremadamente culta, creció y se crió en una sociedad que, si bien no era tan sexista como la griega y la romana (que consideraban a las mujeres menores de edad eternas), sí que veía a la mujer como un mero complemento del hombre.

Existía el divorcio, el derecho a la herencia y estaba mal visto el maltrato a la mujer (lo que no impedía que sucediera), que a su vez, podía poseer un negocio propio o trabajar en ciertos oficios; entre ellos, los relacionados con la salud.

“Donde quiera que el arte de la medicina es amado, también hay un amor a la humanidad”.

-Hipócrates-

De hecho, la etimología de Metrodora es, cuanto menos, curiosa: en griego, metro significaba ‘útero’ y dora, ‘regalo’. Acorde con su nombre, la médico egipcia se especializó en las enfermedades y trastornos sufridos específicamente por las mujeres.

En su trayectoria, escribió numerosos tratados relacionados con la ginecología. Su obra Sobre las enfermedades y curas de la mujer consta de 63 capítulos y sigue siendo muy utilizada hoy en día. En ella, no solo aborda temas médicos, sino que también brinda consejos generales sobre salud pública y problemas más leves (como es el caso de las hemorroides).

Entre sus aportaciones a la medicina destacan el uso del espéculo para los exámenes médicos; la creación de un tampón como método anticonceptivo y para tratar infecciones vaginales; el desarrollo de compuestos médicos que no se han encontrado en ningún otro estudio y el establecimiento de unas pautas para determinar si una mujer había sufrido un abuso o agresión sexual.

También se dedicó a la reconstrucción de cara, senos e himen. En este último caso, con el fin último de ayudar a aquellas mujeres que no fueran vírgenes a evitar el estigma social.

De la misma forma, fue de las primeras especialistas en solicitar intervenciones quirúrgicas ante casos de cáncer, en aquella época llamado “úlcera maligna”.

Tuvo la (relativa) suerte, sin embargo, de que en el Antiguo Egipto las leyes trataban casi de igual manera a hombres y mujeres, algo impensable en Grecia o Roma.

No se sabe si la médica desarrolló la mayor parte de su trabajo en Grecia o en Egipto. Esto se debe a las confusiones existentes, resultado de los múltiples movimientos territoriales vividos en el país de los faraones.

De la misma forma, durante muchos años corrió el rumor de que la verdadera identidad de Metrodora era, nada más y nada menos, que la famosa Cleopatra. Debido a ello, no es de extrañar que en algunos estudios se la nombre como “Cleopatra Metrodora”, a pesar de que no existen indicios de que dicha historia sea real.

Sea quien fuere, todavía podemos admirar su importantísima labor gracias a sus escritos. Algunos de ellos se conservan en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, y harán las delicias de cualquier investigador (o curioso) que se atreva a indagar en la biografía de esta impresionante mujer.

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