VIVIENDO EN LA ERA DE LA DISPERSIÓN MENTAL

La dispersión mental

Las nuevas tecnologías y su uso compulsivo están generando un déficit de concentración cuyos efectos, según los expertos, condiciona nuestra capacidad de analizar y reflexionar tal y como se ha hecho hasta ahora.

Las cifras varían según los estudios pero la horquilla no deja de ser preocupante; recurrimos al teléfono entre 80 y 110 veces al día. Por lo general no buscamos nada, anhelamos, más bien, una gratificación. Se trata de un comportamiento compulsivo inducido ya sea por una expectativa de notificación, un timeline vertiginoso o la necesidad de un me gusta que aplaque nuestro ego. Se trata de un hábito que, según los expertos, se mantiene gracias al llamado reforzamiento positivo (behaviour).

El fin de la mente lineal

«La mente lineal que ha estado en el centro del arte(…) Puede que pronto sea la mente de ayer»Nicholas Carr

Pero ¿qué ocurre en el cerebro para que interrumpamos nuestra concentración?. ¿Qué es eso que nos llama y no puede esperar?. Pues según los expertos se llama dopamina y se revela en forma de descargas. Estas incitan al fumador a encenderse un cigarrillo. Un vaivén atencional inducido por el nuevo paradigma tecnológico que irremediablemente cuestiona nuestro propio entendimiento, así como la capacidad de analizar y reflexionar como se ha hecho hasta ahora. Los más agoreros sitúan aquí poco menos que el fin del desarrollo intelectual de la civilización.

En este sentido, sostiene el investigador Nicholas Carr en su libro Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? (Taurus) que es lo que hacemos cuando estamos en «modo multitarea» o lo que es lo mismo, inmersos en las redes digitales no es más que «la adquisición de un conocimiento superficial». Según este académico, el tipo de pensamiento que ha sido capaz de desarrollar el libro ha posibilitado la «mente lineal que ha estado en el centro del arte, la ciencia y la sociedad (…) Puede que pronto sea la mente de ayer» zanja apocalíptico.

Carr no es el único que contempla el conocimiento del libro y su legado como un bien en peligro de extinción. El temor a la vorágine digital ha abierto la veda y muchos son los académicos que advierten de la posibilidad de convertirnos en seres eficientes procesando información pero incapaces de profundizar en ella. Un déficit que hacen extensivo también a formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación. Otros investigadores, en cambio, se decantan por el matiz.

Cuestión de evolución

«No se trata tanto de establecer comparativas, sino de comprender que estamos ante tecnologías diferentes que requieren de disposiciones cognitivas diferentes»

«No podemos hablar en términos de superioridad o inferioridad se trata de cerebros con capacidades diferentes. Lo que nos tiene que preocupar es cómo hacemos para vincular estas dos tecnologías en nuestro mundo, cómo hacemos para que nuestros hijos sean bitextuales»

«No se trata de superioridad o inferioridad, sino de otras capacidades»

«Mantener esos dos niveles de lectura es clave, no debemos enfrentarlos sino hacerlos compatibles»</p<Joaquín Rodríguez, director de tecnologías para el aprendizaje en la institución educativa SEK

Así, si el libro y su lectura requieren y terminan desarrollando capacidades como la deducción, la reflexividad o la concentración, las nuevas herramientas tecnológicas requieren de nosotros otras habilidades, como por ejemplo de la simultaneidad. .

Rodríguez: .

La «bitextualidad» pasa, como es lógico, por la necesidad de una doble alfabetización que permita a las nuevas generaciones gestionar con la misma solvencia un ensayo filosófico de 150 páginas, sin renunciar a las competencias multitarea que les son inherentes por el simple hecho de ser nativos digitales. .

Pero como conseguir esto si, como explica el investigador Nicholas Carr en su libro Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? , «son las nuevas tecnologías las que rigen la producción y el consumo, las que guían el comportamiento de la gente y terminan gobernando sus percepciones». La respuesta por parte de los especialistas consultados es unívoca: educación.

Mejor con autorregulación

Para el psicólogo Rafael Guerrero todo pasa por un ejercicio de autoregulación emocional:

«Somos incapaces de gestionar lo que sentimos, hasta el  punto de que muchas veces no sabemos si lo que nos atenaza es la ira o la tristeza. Esto influye lógicamente en el modo en que consumimos cultura, ya que no alcanzamos ese estado de tranquilidad necesario para poder entregarnos a una lectura. Refael Guerrero, psicólogo

Referencias

  • JUAN LOSA Twitter: @jotalosa – adrid, 14/07/2017
  • Público Display Connectors, SL
  • Maridar con: BBC 3 radio: SHANKAR: SADHANIPA (PROM 41)
  • 7d Anouska Shankar, ensemble, and the Britten Sinfonía conducted by Karen Kamensek, perform Ravi Shankar´s Sadhanipa. From passages, and álbum co-composed by Shankar and Philip Glass (12 minutos de Dopamina).

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