Vinapogée: NO A LA IMPACIENCIA ANTE LOS VINOS VIEJOS

La enología ha evolucionado tanto, como para considerar que sobre la viña y la bodega el productor puede tener un control de calidad pleno.

Pero nadie puede asegurar que los buenos vinos jóvenes, bebidos en la actualidad, envejecerán bien.

Pocas veces descorchamos una botella en el apogeo del vino que contiene, fruto del buen terruño, de las buenas uvas, de un buen año merced a su envejecimiento.

Con toda probabilidad los vinos del presente siglo XXI son y serán los más homogéneos en cuanto a calidad se refiere.

Si la producción es mayor y más universal que nunca, también el comercio ha aumentado hasta niveles otrora logrados.

El salón francés Vinapogée celebrado en París el lunes día 20 del presente mes recupera el culto reverencial por el envejecimiento y la guarda. Este salón es el único en el mundo en el que ninguno de los vinos catados puede tener menos de diez años.

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VINAPOGÉE

El primer obstáculo al envejecimiento del vino es el hecho de que si el vino embotellado se vende bien, ¿quién se va a arriesgar a guardar suficientes botellas como para seguir el itinerario del vino a través del tiempo?

Cabe recordar que en los años 70 del pasado siglo, lo peculiar de los grandes vinos bordeleses era que no había quien los  bebiera en su juventud. La cata de vinos jóvenes era inhabitual. Hoy en día en el país galo, en el mes de abril entre 3 mil y 5 mil catadores toman los primeros vinos de Burdeos. Sólo los expertos podían hacer un ejercicio de predicción sobre la bondad de los vinos.

Hoy por hoy, la mayor parte de los vinos con D.O. necesitan un máximo de 2 años para que pasen a la copa.

Al beaujolais nouveau de los años 50 que significó un aldabonazo en el marketing del vino, se le han sumado otros muchos.

Hace unos 5 años, Bernadette Vizioz, entre otros,  fundaron Vinapogée, el único salón dedicado a la cata de vinos de no menos de 10 años de existencia, cuyo crecimiento en contenidos, talleres y conferencias en una sola y rica jornada ha logrado este pasado y reciente lunes 20 su última celebración, a la que se presentó un único vino español Terra Remota, D.O. Empordá, 2009 en magnum.

Único salón vinícola en el que se saborean y degustan vinos en su apogeo.

Los llamados vinos de garage, llamados en España de alta expresión, han dado paso a los vinos orgánicos y biodinámicos, sin caer en la cuenta de que el vino más caro del mundo, el borgoña de la Romanée Conti, ya era biodinámico, eso sí, sin decirlo. (Al igual que los excelentes vouvrays de Huet, del valle del Loira).

Así, nació la otra moda, de los mal denominados nature o naturales. Si los orgánicos y biodinámicos cuentan con homologaciones nacionales y europeas, con los “nature” , hay que tener fe y creer en ellos, pese a tener que soportar molestas oxidaciones con los blancos y sensaciones a refresco infantil con los tintos.

El intermedio lo marca un director de cine que se ganaba el currusco con sus conocimientos de sumiller haciendo cartas para pequeños restaurantes en Nueva York, Jonathan Nossiter, con su Mondovino y su movimiento consideraban puro culto beber los Viña Tondonia de 1940 y 1950 o los Châteneuf del Ródano de los Perrin, elaborados de forma tradicional con 13 uvas distintas.

Vinos de más de 100 años (un vouvray 1895 de Poniatowski, un Único de Vega Sicilia de 1970, dos champagnes Pol Roger, uno de 1918 y otro de 1923) estaban en su apogeo. Siempre evitando la muerte del vino con la brusca oxigenación al descorcharlo, mediante la aplicación de un corcho neutro aplicado de forma inmediata. Y la supeditación del plato al gran vino.

Bouchard, el négociant borgoñés en su cena anual de la Vente des Hospices de Beaune, la más célebre y antigua de las subastas de vinos abre por lo menos una botella del siglo XIX.

Eso sí, en la gran restauración parisina (Taillevent, La Tour d’Argent, Meurice, Plaza Athénée de Ducasse, Guy Savoy, Ritz…) los vinos de antes de 1970, no admiten devolución.

Lo más fácil y barato por 30€ la entrada es disfrutar de la jornada de catas de Vinapogée y disfrutar de conferencias de expertos con cata incluida.

El fan también pudo degustar vinos de 30 bodegas.

Para aquél que dispuso de tiempo y deseo placentero la Paulée, es una típica  cena de fin de vendimia en la que cada vinatero ofrece dos de sus mejores botellas, poniendo el broche final a la jornada. Los platos son obra del gran chef Jean-Pierre Biffi (Potel & Chabot) como el soufflé de lucio, pieza entera de ternera, quesos muy viejos y mucho más…

¡Bon apetit! y hasta el año que viene.

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