EL WHISKY OCEÁNICO TORABHAIG

 

Un nuevo whisky ha nacido en la isla de Skye. Merece desplazarse para saborearlo.

Es toda una aventura llegar hasta la isla de Skye, al noroeste de Escocia. Una vez se llega a ella, la primera cuestión que suele comentarse es la metereología. En invierno, la lluvia y esas borrascas de unos 150 km/h de agua gélida van a ser nuestras compañeras inseparables. La visión de un auténtico paraíso de turba intacta, con un manto prehistórico de color paja envuelve a las montañas salpicadas por la presencia de corderos. Skye es un auténtico canto a la turba, que me recuerda la Camarga francesa con sus marismas saladas. Y, es en este terruño en donde se produce el Torabhaig (se pronuncia “Toravhèg”), que quiere decir “riachuelo de la colina”. Este recién nacido de la turba, cuyas primeras botellas tienen tres años de edad, que desafía a Talisker, la otra destilería de la isla, un single malt bicentenario bien conocido por los aficionados, que en palabras de Bruce Perry, su director, “ellos han trazado el camino, y nosotros recién hemos llegado, con toda humildad”.

Abrir esta destilería no fue fácil, un largo camino le ha precedido hasta ser inaugurada en el año 2014 por la marca Mossburn Distillers en 2014, que habían obtenido recientemente el permiso de destilación pero que debió venderla en el año 2002 por falta de medios. Hubo que reconstruir un solo edificio ya autorizado pero abandonado y orientado cara al mar. Su sucesor utilizó las piedras de un castillo en ruinas que se halla a un kilómetro del lugar. Se adecuó el habitáculo y se instalaron dos alambiques de cobre y ocho toneles de pino Douglas, comenta que, “ya que somos fans del whisky, queremos elaborar un whisky para los fans del whisky”.

La primera añada del 2017 distribuyó 32.000 botellas mundo adelante, 3.600 en Francia. La elección de pequeñas cantidades justifica el precio de 59 € así como por el arduo proceso de elaboración y la crianza con sabor a turba. A pesar de su índice fenólico elevado, las notas medicinales están atenuadas. La destilación sumamente lenta y algún que otro truco, han logrado un scotch que complementa a su venerable vecino.

Talisker viste de caramelo, es potente, con cuerpo y presenta notas de azúcar y pimienta. Torabhaig es un mezzo piano que ha optado por la turba domesticada.

Un recién nacido con buenas calificaciones

Viste de amarillo pálido, con 46 grados elegantes y yodados, ha sido bien recibido por la crítica licorosa. Con un poco de agua, desprende una gran finura en el paladar, en la nasal el ahumado es suave, en comparación con su abuelo (Talisker), es un recién nacido, que va a crecer y nos hará grandes, dice Perry, y apostilla que Torabhaig  es un recién nacido de terroir. La cebada se cultiva y maltea en la Escocia continental, antes de ser destilada en la isla y almacenarse a la vera del océano. Una nave en construcción albergará unos 5.000 barriles de bourbon que envejecerá con la brisa oceánica, ¿lo harán en barricas de Jerez?, pudiera ser, pero la voluntad es la de preservar la firmeza y la finura de la turba bien atemperada, sin complicar el trago de un single malt con notas de sotobosque, “nosotros apostamos claramente por el clima oceánico”  concluye Perry. Nuestra bienvenida para 2027, en que celebraremos la llegada de este recién nacido sumamente prometedor.

El whisky está considerado como una de las bebidas más elegantes del mundo. Producido en distintos países y de distintos tipos, el escocés goza de reconocido prestigio, puesto que sus estándares de elaboración son de los más exigentes. Entre estos, los de malta (cebada malteada) o “single malt”, marcan la excelencia.

Destaca su pureza, ya que son creación de una sola destilería, y en ellos se usa solo cebada, levadura y agua. Tienen un envejecimiento mínimo de tres años en barricas de roble. A mayor edad, más calidad.

Las Highlands (Tierras Altas) son la cuna de los mejores whiskies escoceses. Más complejos, más florales, ofrecen un amplio abanico de matices y destacan por su carácter y firmeza, con final seco y un toque de turba. Sin embargo, la otra patria de los mejores single malt está en Speyside. Son los más elegantes y tienen un toque dulce.

Muy peculiares son los de Islay, potentes, complejos, muy ahumados, con regusto seco y aromas yodados y salinos.

El agua pura de las montañas de las Tierras Altas escocesas, cargadas de minerales, de sabor a turba y notas salinas, es uno de los secretos de la calidad de su whisky. Sus aromas se potencian con el añejamiento.

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