SIN PRISAS, SIN PAUSAS

Carlo Petrini, escritor y sociólogo italiano, en 1986, inició una protesta-propuesta, indignado por la apertura en el centro de Roma, de un establecimiento de comida rápida, basada en un movimiento “slow”.Desde el ámbito gastronómico, tras la fundación por parte de carlo del movimiento “slow food”, e inspirado en este fenómeno llegaron las primeras “slow cities”, ciudades pensadas para el disfrute de la vida tranquila y apacible, el retorno a lo más auténtico. La idea original ha impregnado la totalidad de los espacios cotidianos tales como los de la moda, viajes etc.

Cada vez con más adeptos, visto es en las diversas conferencias, actos y publicaciones de Carl Honoré, auténtico “gurú” desde la publicación de su libro El elogio de la lentitud, en el año 2005, en el que expone la filosofía de la calma saludable, el mejor antídoto del estrés.

Los diversos slow

Slow food:
el disfrute de la comida.
Transcurridos 30 años tiene plena vigencia, más aún ante la auténtica “epidemia” de obesidad que aqueja la sociedad actual. El disfrute implica conocimiento y conciencia de cómo se producen los alimentos, de su origen, su producción, elaboración, de su disfrute sensorial, el conocimiento de la cocina local, los maridajes (incluso el emocional), el ambiente, los alimentos de proximidad, la sostenibilidad, el “tempo” compartido …
Slow travel
vivir el viaje: voyage voyage. La preparación, la salida, el viaje, el destino y el retorno.
La inmersión cultural compartida, el placer de los instantes y de los momentos.
Slow cities
ciudades vivibles. “Citta slow”.
Nació como movimiento en 1999, en Greve in Chianti, pequeña localidad toscana, con el impulso de su alcalde, Paolo Saturnini, siendo Carlo Petrini quien lo involucró junto a otros tres alcaldes de las ciudades de Orvieto, Positano y Bra, trasladando los conceptos al modus vivendi urbano y, así lograr una nueva forma de producir, consumir y de un mejor vivir.
Actualmente, la red está constituida por unas 230 ciudades de 30 países diferentes, entre las que se hallan 8 ciudades españolas: Balmaseda, Lekeitio y Munguia en el País Vasco; Begues, Begur y Pals en Cataluña; Morella en la Comunidad Valenciana y Rubielos de Mora en Aragón.

¿Cómo se consigue ser ciudad “Slow”?

El estatus se logra tras analizar 72 puntos agrupados en 7 grandes categorías: políticas energéticas y medioambientales, infraestructuras, urbanismo, agricultura, turismo, artesanía, hospitalidad, conciencia, experiencia, cohesión social y colaboraciones con otras organizaciones que promuevan actividades semejantes a las de las “Slow cities”.

Slow fashion, Slow beauty
son sectores que también se afirman en los valores “slow”, moda relajada y atemporal, sus claves, la comodidad, la suavidad y naturalidad en las texturas, con colores relajantes. El respeto al medio ambiente y el bienestar son las claves del “Slow Beauty”, con cuidados suaves, que utilizan cosmética orgánica, ecológica, sin testar en animales, belleza relajada, tranquila…

“¡Pos, Doña, si mete más de lo que saca, no más, se queda dentro!”
MARIO MORENO (Cantinflas)
En el Doctorcito.


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