
Imagen de Marlene Krohn en Pixabay
Damos por hecho de que siempre está, por ello le damos poca importancia, pero si la tiene, ¡vaya si la tiene!
Le Creuset, Staub: la tradición francesa que conquistó el mundo
Las cazuelas de Le Creuset celebraron este año su centenario.
En una época en la que todos los objetos son desechables, la cazuela de hierro fundido encarna otra cosa, una forma de tomarte tu tiempo, de hacer las cosas bien. Durante varias décadas, dos marcas han tenido éxito y han promovido la calidad francesa más allá de las fronteras.
Hay objetos que son inmediatamente reconocibles. Una cazuela de color naranja colocada sobre una cocina, otra negra y mate, sobre una mesa de madera cruda. Sin ni siquiera leer la etiqueta, lo sabemos. Estas cazuelas de hierro fundido de Staub o Le Creuset forman parte del panorama culinario mundial, aunque nacieron en talleres franceses, lejos de las cocinas de moda de Nueva York o Tokio. Si son tan atractivas, no es por casualidad. Nos cuentan una forma diferente de cocinar. Más despacio. Más sencillo. Más sostenible.
La cazuela, un objeto cotidiano… Como ningún otro
La fuente de cazuela de hierro fundido no es nada espectacular. Es pesada, enorme, a veces engorrosa. No promete cocinar rápido ni la práctica de una tecnología revolucionaria. Y, sin embargo, sigue siendo uno de los utensilios más populares de todas las generaciones.
Su secreto reside en el propio hierro fundido. Se calienta lentamente, retiene el calor durante mucho tiempo y lo difunde de forma uniforme. El resultado: los platos se cuecen a fuego lento, sin pegarse, quemarse ni se secan. Cocinamos con poca grasa, dejamos que el tiempo siga su curso y el sabor persiste.
También es un objeto cargado de afecto. Muchos crecieron al calor y al gorgoteo de una cazuela al fuego de los domingos. Evoca abuelas en la cocina, comidas familiares, platos que esperan. En resumen, la cocina que une a las personas.
Le Creuset y Staub: dos marcas y el mismo requisito
En Francia, solo dos grandes casas siguen fabricando cazuelas de hierro fundido esmaltado usando métodos tradicionales: Le Creuset y Staub.
Le Creuset nació en 1925, en Fresnoy-le-Grand, en la región del Aisne. Desde el principio, la marca se atrevió a arriesgarse por la época: vestir el hierro fundido con esmalte de colores. El naranja volcánico, inspirado en el hierro fundido, se convirtió rápidamente en su sello distintivo. Este color lo cambia todo. La cazuela ya no se limita a la cocina sin más: se invita a sí misma a la mesa y participa en la decoración. Con el tiempo, Le Creuset desarrolló una amplia gama de tonos, que iban desde rojo cereza hasta azul pato, verdes profundos y rosas claros. Cazuelas redondas, ovaladas, modelos tipo pan, platos poco profundos, mini cazuelas individuales: la marca se adapta a todas las cocinas y usos.
Staub, fundada en 1974 en Alsacia por Francis Staub, sigue un camino diferente. Aquí, menos color, más técnica. Las cazuelas suelen mostrar tonos oscuros, profundos y elegantes, diseñados para durar sin pasar de moda. Su gran particularidad está oculta bajo la tapa: pequeñas espigas, llamadas “lluvia aromática”, que recogen condensación y la redistribuyen continuamente sobre el alimento. En el interior, el esmalte negro mate favorece la caramelización y es especialmente resistente a las altas temperaturas. Esta atención al detalle explica por qué Staub tiene una fuerte presencia en cocinas profesionales. Muchos chefs aprecian esta cocción precisa, ideal para carnes, platos cocidos a fuego lento y salsas concentradas.
Entonces, ¿cuál deberías elegir? Le Creuset seduce con sus colores, su convivialidad y su versatilidad. Staub atrae a quienes buscan una cocina muy precisa y un diseño más ágil. En ambos casos, el nivel de exigencia es alto y la elección depende principalmente de tu forma de cocinar.
¿Qué es lo que realmente marca la diferencia?
Si estas cazuelas siguen seduciendo, a pesar de su precio, es por una razón sencilla: están hechas para durar. En un mundo saturado de objetos desechables, la cazuela de hierro fundido encarna otra cosa. Te invita a cocinar de forma diferente e invertir en un objeto que no vas a reemplazar. No es solo un utensilio, sino un vínculo entre generaciones. Un objeto sencillo, robusto y tranquilizador. Y si ha conquistado el mundo, no es porque siga las tendencias, sino porque las cruza.
La fabricación sigue siendo mayoritariamente francesa, especialmente en las gamas emblemáticas. Cada cazuela pasa por unas quince etapas: moldeado en arena, cocción del hierro fundido a muy alta temperatura, desbarbado, pulido y luego esmaltado interior y exterior, a menudo en varias capas. Cada molde se destruye tras su uso, haciendo que cada pieza sea única.
En su uso, la diferencia es inmediatamente perceptible. El calor es estable, la cocción es homogénea, incluso a baja temperatura. Dora, cocina a fuego lento, hornea, sirve directamente en la mesa y luego mete la cazuela en el lavavajillas. Pocos utensilios ofrecen tanta versatilidad.
A largo plazo, el cálculo es sencillo. Un molde de cazuela bien cuidado puede durar varias décadas, a veces toda la vida. Por el contrario, las alternativas de gama baja acaban oxidándose, perdiendo su recubrimiento o deformándose. Aquí no hay un recubrimiento químico frágil, ni obsolescencia programada.
Un éxito mundial… y muy actual
En los últimos años, la cazuela ha experimentado un espectacular resurgimiento e interés. Las ventas han aumentado, especialmente durante los periodos en que la gente ha vuelto a cocinar en casa, como durante el confinamiento. Pan casero, platos guisados, cocina más sencilla: la cazuela fue una elección natural.
También atrae a una nueva generación, sensible a objetos duraderos y bien hechos. En las redes sociales, las coloridas cazuelas se presentan como objetos decorativos. Algunas ediciones limitadas, colores parados o modelos vintage se revenden a precios elevados en el mercado de segunda mano.
En Estados Unidos, el término “Dutch Oven” casi se ha convertido en sinónimo de cazuela francesa. Allí, como en Japón, poseer una cazuela Le Creuset o Staub se considera un signo de calidad, a veces incluso de éxito.
Por último, elegir una manzola Le Creuset o Staub es menos una cuestión de marca que una forma de ver la cocina. Con el tiempo, el cuidado… Y muy divertido.
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