Estilo de Vida

PLACERES MUNDANOS

Imagen de Sunrise en Pixabay

Las celebraciones de cualquier tipo llegan prácticamente siempre cargadas de encuentros, mesas hasta arriba y un sinfín de alimentos tentadores que ponen a prueba cualquier propósito saludable. Entre cenas familiares, comidas de empresa y brindis improvisados, es fácil terminar algún mes con la sensación de haber comido demasiado. No obstante, con un poco de programación/planificación y cierto cuidado con algunos detalles, es posible disfrutar de cada reunión sin añadir kilos de más.
El truco está en adelantarse a los excesos y estructurar los menús de forma equilibrada, con preparaciones sencillas, raciones moderadas y protagonismo vegetal”.
Es perfectamente posible diseñar una estrategia realista para las semanas tan relevantes en lo gastronómico.

Contextualizando las celebraciones

La gran parte del problema no reside solo en lo que comemos, sino en el contexto: pasamos más tiempo sentados, el picoteo entre horas, multiplicamos celebraciones y solemos enfrentarnos a mesas llenas de estímulos en el comer y en el beber. Comer más y movernos menos rompe el equilibrio natural entre calorías ingeridas y calorías consumidas. A ello hay que añadir que, durante los días festivos, el ocio gira muchas veces en torno a la comida, lo que nos hace estar más pendientes del plato que del descanso o la conversación.
Una forma sencilla de organizar comidas y celebraciones más ligeras consiste en reducir el número de tentaciones sobre la mesa. Un menú cerrado, con entrante, plato principal y postre, ayuda a controlar las cantidades y evita los interminables picoteos que suelen incrementar la ingesta. Cuando el plato principal incluya carne o pescado, lo ideal es acompañarlo de guarniciones vegetales atractivas, coloridas y bien presentadas, que inviten a servirse más verduras sin sensación de sacrificio.
Antes de ir a la compra conviene planificar con precisión qué se va a cocinar y cuántas personas se sentarán a la mesa. Elaborar una lista detallada evita compras impulsivas y, además, reduce el desperdicio. También es útil resistir la tentación de adquirir dulces con demasiada antelación: tenerlos en casa durante semanas es una invitación permanente al exceso.

Bebidas y postre

En cuanto a las bebidas, el primer gesto saludable es elegir siempre el agua como punto de partida. Si apetece brindar con alcohol, es preferible optar por bebidas de baja graduación, como la sidra, o los vinos sin alcohol que están ahora proliferando, y reservar el vino de toda la vida para acompañar únicamente el plato principal.
Las bebidas destiladas tienen gran cantidad de calorías, por lo que resulta recomendable sustituirlas por alternativas sin alcohol como cócteles naturales o un sencillo té helado con limón. Eso sí, incluso estas elaboraciones sin alcohol deben tomarse con moderación por su carga de azúcar.
El postre, inevitable broche de los menús, también puede adaptarse a un enfoque más ligero. Un carpaccio de caqui con yogur, un requesón con granada y miel, fruta ligeramente bañada en chocolate o incluso un pequeño trozo de turrón casero elaborado con almendra y miel son opciones sabrosas que no resultan tan pesadas como las preparaciones más tradicionales.
La clave, en definitiva, está en disfrutar conscientemente: prestar atención al ritmo de la comida, levantarse de la mesa para dar un paseo, escuchar las señales de saciedad y reservar los excesos para los días realmente señalados e importantes.
Con estas pautas sencillas, las fiestas y celebraciones pueden seguir siendo un placer… sin necesidad de que lo paguen la báscula, el bienestar y la salud.

MUSICANDO

La fotografía

Foto de Muhammad-Taha Ibrahim en Unsplash

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