DR.APACHE : ¡OH, BLANCA NAVIDAD!

Date prisa, que si no, dentro de poco se va a atiborrar de gente y habrá que hacer cola, ya sabes que estos días las tiendas están a tope, le comenta Isabel a su marido con mucho apremio y, éste con andar “canso” como decimos por aquí, con mirada “floja” y con porte estoico se pone su “plumas” varonil y se encamina hacia el aparcamiento a coger el coche, es Navidad y hay que cumplir con la rutina mortífera de todos los años…

Comprar la comida para la cena de nochebuena, un garbeo por los comercios para comprar los regalitos para repartir en familia. Toda una proeza con esperas, prisas, atascos y precios por las nubes y más con la actual inflación, menos mal que solo pasa una vez al año (salvo Black Fridays, carnavales, semanas no tan santas etc..) piensa y medita con resignación, Pepe el marido de esta historieta vivida en consulta.

Socio-Patografía de Navidad

Pepe, padre de familia, con una situación no mala, pero tampoco para tirar cohetes, funcionario, con un sueldo digno y seguro, con su paga extra volátil por arte y magia de su esposa, Isabel. Pepe es una persona reflexiva y con inquietud intelectual no satisfecha, por necesidades familiares que le abocaron a trabajar desde muy joven, es de la opinión de que todo este lío navideño es una broma pesada que año tras año le gastaba esa llamada sociedad.

. El itinerario al paraíso terrenal de la compra compulsiva, esas grandes superficies comerciales y almacenes, discurre con cierto cabreo ante tanta y tanta pantomima, “si esto es la Navidad, que venga Dios y lo vea”, pero que absurdo perverso el de estas fiestas. De pronto su señora, le saca de sus abstracciones, ¡Pepe,, ahí tienes un hueco para aparcar, si no espabilas te lo van a quitar!

. En el interior del templo del consumo, empieza la aventura, poseer un carrito, no había ni uno a la vista y tuvo que ir a buscarlo al aparcamiento, le sigue la lucha por los precios, pero Isabel sabedora táctica y estratégica ama de casa sabe que echar una buena mirada  inicial es clave para comprar bien, si hace falta, lo cual supone caminar entre lineales a costa de roces y algún que otro choque, dado el intenso tráfico interno. Una vez pertrechados con lo necesario, hay que pagar, el peregrinaje hacia la caja que esté menos concurrida, pero todas están llenas, con maridos, esposas, amantes, amadas, niños, abuel@s y niet@os, todas las estirpes del Reino de David, jóvenes, viejos, heterosexuales, homosexuales, bi y transexuales, ricos, no tan ricos, militares, civiles, analfabetos y universitarios, todos desfilando..

Tras aligerar el bolsillo, hay que andar el camino, para finalizar esta primera parte, pero, todavía queda el capítulo de los regalos, esos detalles, para recordarle al otro que nos acordamos de él con ese objeto que cualquier otro día cuesta mucho menos que en Navidad, pero ya se sabe, son días especiales..

Isabel sigue con su mandoneo y serena y firme le indica a Pepe: ¡Y ahora al Corte Inglés! con su espectáculo de fascinación*, perfumes, corbatas, camisas, plumas, medias, lencería fina, carteras para vaciar, gafas y yo qué sé de las demás cosas.

Isabel con su estrategia especialmente planificada y con su afinada táctica apoyada en una excelente logística habilitada por la tarjeta de crédito, enfiló hacia las escaleras automáticas con paso decidido y el perfecto conocimiento del terreno que pisaba, para recorrer planta tras planta, señoras, caballeros, niños, juventud, hogar y, por fin la cafetería para dar un respiro al cuerpo y al bolsillo.

Pepe con su cafelito, iba acumulando y ordenando los recibos entregados con amabilidad, corrección pero con cierto quebrantamiento de la fe debida, por los empleados del centro comercial. ¿En efectivo o con tarjeta? a lo que Pepe responde desalentado, con tarjeta. Para el consabido amargo dolor de principios de los tres meses siguientes..

Toca a su fin la jornada, con la batalla ganada (que no la guerra), a la salida del pletórico centro comercial, vieron a una pobre mujer con su hijo en brazos pidiendo limosna. ¡Por favor, señor, una limosna para mi hijo, que Dios se lo pagará! Isabel y Pepe cruzaron sus miradas intentando no ver lo que es la “otra Navidad”.

Reflexiones

. Esa liturgia, las formas, los envoltorios, son siempre importantes debiendo ser cuidadosos con ellos, pero no deben ser prioritarios. Lo importante es el fondo.

. Muchos de los festejos que celebramos se basan prácticamente de forma exclusiva en un consumo desaforado y han perdido gran parte de su significado inicial.

. La tristeza, la angustia, los problemas y las adversidades no se solucionan comprando compulsivamente objetos que muchas veces ni siquiera se utilizan, sino abordando el motivo que las produce con decisión y sinceridad.

. La presión publicitaria llega a ser muy intensa y agobiante en nuestra sociedad. Debemos saber discriminar y adquirir sólo aquello que teníamos pensado.

. Comprar compulsivamente, de forma obsesiva, es muchas veces el síntoma de una alteración psíquica. El comprador compulsivo adquiere objetos y cosas que con frecuencia no utilizará o si lo hace se cansa pronto de ellos.

. Las celebraciones como la Navidad o el Año Nuevo, que deberían ser una forma de estrechar lazos familiares o de cuidar la amistad, lamentablemente se han convertido en el exponente más claro de un consumismo feroz*..

. Recordar que la mejor batalla es la que no hay que celebrar. Isihiro Honda.

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