LOS CEREBROS BIÓNICOS

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 El condicionamiento operante es una forma de enseñanza, mediante la cual un sujeto tiene más probabilidades de repetir las formas de conducta que conllevan consecuencias positivas y menor probabilidad de repetir las que conllevan problemas negativos. Es un tipo de aprendizaje asociativo, este tiene que ver con el desarrollo de nuevas conductas en función de sus consecuencias, y no con la asociación entre estímulos y conductas como ocurre en el condicionamiento clásico.

El término fue introducido por el psicólogo Burrhus Frederic Skinner, aunque hoy se prefiere el de «condicionamiento instrumental», introducido por Edward Thorndike, por ser más descriptivo. Este último sugiere que la conducta sirve de instrumento para conseguir un fin y se da por ensayo y error, a diferencia del condicionamiento operante planteado por Skinner, que propone que aquellas respuestas que se vean reforzadas tienen tendencia a repetirse y aquellas que reciban un castigo tendrán menos probabilidad de repetirse.

La investigación sobre el condicionamiento operante ha dado lugar a una tecnología muy minuciosa para la enseñanza, denominada modificación de la conducta.

Todo ello ofrece grandes beneficios al ser humano, cuando su aplicación tiene consecuencias positivas  para aquél, pero también para su entorno próximo y remoto.

Voy a intentar explicarlo de forma sencilla.

Existen trastornos mentales que provocan malestar psíquico y cuya prevalencia en estudios comunitarios (evaluada con el General Health Questionnaire-GHQ) se encuentra en España alrededor del 26%, con un 19,5% de trastornos mentales. Las mujeres tienen una prevalencia global del 36,7% frente al 22,3% de los hombres. La “crisis” de los 40 años de edad marca en los hombres el momento de mayor incidencia de trastornos psicopatológicos, mientras que en las mujeres este punto de máximo peligro es algo más tardío, hacia los 45-50 años, momento en el que se produce el síndrome del “nido vacío” y la menopausia. Otros factores de riesgo son bajos ingresos económicos, viudedad, separación conyugal o divorcio, solería, bajo nivel cultural, rupturas familiares, enfermedad somática severa y entornos urbanísticos deteriorados.

Uno de los trastornos mentales más sutiles en su presentación usual es el llamado trastorno bipolar que suele presentarse con episodios reiterados de alteración en el estado de ánimo y/o la actividad, con períodos asintomáticos y deterioro funcional global, al menos en las recaídas. Suelen tener antecedentes familiares de enfermedad bipolar, o bien episodios de manía o hipomanía.

El gran problema reside en que el paciente con hipomanía entiende sus síntomas como deseables, por lo que no será objeto de demanda, en todo caso debe ser una observación del médico.

Pero la cosa se complica más, por qué hay que descartar lo que los médicos damos en llamar organicidad o efectos secundarios, en especial en aquellos pacientes en los que debuta el trastorno a partir de los 40 años. Y, siempre, siempre, es un paciente tributario de valoración psiquiátrica.

Se trata de pacientes que deben recibir el tratamiento necesario por las consecuencias negativas que acarrea, como la disminución de la calidad de vida, cronificación de los problemas emocionales, conflictividad laboral, ruina económica, alta frecuentación de los dispositivos asistenciales y aumento del riesgo de suicidio, así como un gran quebranto del ámbito familiar.

Ante semejante alteración, debe establecerse un diagnóstico preciso, de su complejidad y gravedad así como iniciar la aplicación de estrategias psicoeducativas, psicoterapéuticas y farmacológicas, siempre en ámbito especializado.

Son personas y pacientes que dominan la manipulación emocional por lo que el entorno familiar y social debe protegerse de ello y de sus nefastas consecuencias, así como de su idolatría sofisticada por el dinero y sus fantasías económicas que les llevan en más de una ocasión a la ruina y al desastre económico y vital.

En el año 2015 investigadores australianos crearon una nanomemoria con la capacidad de almacenar información de la misma forma que un cerebro humano, imitando su compleja ingeniería,  lo que supone un paso más hacia la creación de un cerebro biónico.

«El desarrollo de estas celdas de nanomemoria era un requisito previo para la construcción de redes de neuronas artificiales que sean capaces de equiparar la actuación y las características de sus pares biológicos”. A diferencia de los aparatos de almacenamiento digital, como los USB que registran los datos en secuencias binarias, la celda de nanomemoria puede almacenar la información en múltiples estados porque es análoga.

La nanomemoria puede «dar mayor flexibilidad en términos de la información que se desea almacenar y las características que se pueden obtener”.

La eventual creación de un cerebro biónico contribuirá a entender mejor las características de los seres humanos respecto a las enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer u otros trastornos e incluso para reemplazar en un futuro lejano las partes dañadas en este delicado órgano.

Por otra parte, las enseñanzas como el condicionamiento operante son herramientas que perversamente y en manos de personas con trastornos emocionales pueden “envenenar” la vida familiar, profesional y social. Su aplicación ética, por otra parte, depara grandes beneficios al ser humano.

Como siempre, todo depende del objeto y finalidad con que se utilicen los medios.

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Libros:

Alonso García, José Ignacio (2008). Psicología (3.ª edición). McGraw Hill. pp. 120-123. ISBN 978-84-481-6117-0.

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