LAS DIEZ IDEAS FALSAS SOBRE EL VINO

¿Conocías todo sobre el vino? He aquí algunas aclaraciones sobre las ideas falsas sobre el mismo.

 

Quesos y carnes = vino tinto.   Pescado= vino blanco

 

Estos son los maridajes clásicos que damos como fijos. Pues va a ser que no. En realidad bastantes quesos no maridan del todo bien con el vino tinto, por qué los taninos a veces producen un retrogusto metálico muy desagradable. La mayoría de los quesos deberían en realidad ir acompañados de vinos blancos (cuya acidez contrarresta muy bien la grasitud y la untuosidad del queso). Una buena carne roja causa sensación con un vino tinto, pero muchas carnes blancas ( y la ternera  así como las aves de corral) y el cordero maridan perfectamente con vinos blancos. Lo mismo ocurre con los pescados: probad algún día servir un vino tinto ligero y afrutado con salmón a la plancha, no os decepcionará.

 

El champagne o el cava en el congelador y servido en copa aflautada

 

Seguramente se trata de una de las ideas más peligrosas y con mayor riesgo. NUNCA introduzcas una botella de vino espumoso en el congelador antes de servirlo. La razón es sencilla: no hay cosa peor que someter al vino a cambios brutales de temperatura. Deberá evitarse siempre antes de su apertura. Y, si el champán o el cava no está fresco, es mejor introducir la botella durante una o dos horas en el frigorífico antes de servirlo, pero nunca en el congelador.

El servicio en una copa aflautada, a pesar de su estética, no nos permitirá apreciar los aromas plenamente de este tipo de vino. No facilitan la difusión de los aromas dado que limitan mucho la superficie de contacto del vino con el aire. Para degustar el champán o el cava de una forma “seria”, es aconsejable tomarlos en copa con forma de tulipa, más adaptada que las aflautadas o en copas bastante más utilizadas como las de tipo cóctel.

 

Blanco sobre tinto nada cambia, tinto sobre blanco todo se fastidia

(“Blanc sur rouge rien ne bouge, rouge sur blanc tout fout le camp”)

Se puede comer con un vino blanco después de haber bebido un vino tinto (por ejemplo cuando comemos queso). Todo es cuestión de equilibrio, de dulzor de los vinos y sobre todo de los taninos: simplemente hay que servir los vinos más tánicos después de los vinos más ligeros y secos, y acabar con los de mayor dulzor.

 

El rosado es una mezcla de vino tinto y de vino blanco

 

Si dudas, esta idea un tanto ingenua es falsa en un 99% solamente. El vino rosado se obtiene generalmente, como todo vino tinto, por maceración de los hollejos de las uvas (que contienen pigmentos de color rojo) con el mosto de la uva prensado. La única diferencia entre el vino rosado y el tinto es que la maceración se detiene antes en el vino rosado: cuando tan apenas ha comenzado a tomar color rojo, se trata pues de vino rosado.

El 1% restante se halla en el champán exclusivamente, el champán rosado, que se obtiene de la mezcla directa de vinos blancos y tintos (muy raramente).

 

Los vinos blancos dulces son perfectos para el aperitivo

 

Infelizmente, nos van a saturar las papilas gustativas, tras tomar un Sauternes, un urançon o cualquier otro licoroso con fuerte potencia aromática y final largo, sin duda nos va a ser difícil apreciar el siguiente vino, sobre todo si se trata de un blanco sutil (un albariño) o un tinto ligero de la Ribera Sacra. Además con todo su azúcar, corremos el riesgo de perder el apetito. Por ello, es mejor dejar el Sauternes para el postre en lugar de servirlo como entrante con el foie gras.

 

El mejor momento para saborear el vino es al mediodía

 

Por extraño que pueda parecer, el mejor momento para la degustación del vino es por la mañana y en ayuno si fuera posible. Se trata del momento en el que la nariz y el paladar se hallan neutros, los sentidos están despiertos y el hambre nos hace especialmente sensibles a los olores y a los aromas. La salivación hace más eficaz y apreciable la degustación.

 

Cuanto más viejo es un vino, mejor es

 

No siempre es cierto. Existen excelentes vinos viejos si han sabido envejecer, cuestión que no siempre se cumple. Ciertos vinos se producen para su guarda y apertura tras transcurrir varios años (vinos de guarda)  (reservas riojanos: Roda) y Bordeaux tintos, pero otros se producen para ser tomados jóvenes (Beaujolais, Torrelongares – Cariñena – tinto jóven) cuyo esplendor está en el corto plazo, que nunca van a ser mejores tras una guarda de 10 años.

 

El rosado es un vino fácil para la playa

 

¡Cuidado con las generalizaciones! El auténtico problema de los rosados son las referencias tendenciosas desfavorables a la par que las favorables. Lo cierto es que se producen grandes rosados navarros, cigales, valles de Benavente, en el Alto Douro, en la Provenza y en el Roussillon, a veces muy complejos, de guarda, sumamente interesantes y excelentes.

No todos los rosados están hechos para mezclarse con zumo de pomelo y hielo en la playa, ¡felizmente!

 

Tapón de rosca = vino de peor calidad

 

Rechazar un vino (generalmente extranjero) por qué la botella tiene un tapón de rosca y no uno de corcho, puede parecernos de menor calidad y dudar. ¡FALSO! En la mayor parte de los países del nuevo mundo sus productores de vino (Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Sudáfrica), utilizan mayoritariamente tapones de rosca por dos razones fundamentales:

 

  • Razón cultural: se trata de países jóvenes (o relativamente jóvenes) en la producción de vino que prefieren facilitar la exportación fácil (el tapón de rosca permite al vino viajar sin riesgos).
  • Razón práctica: El corcho proviene sobre todo de Europa (Portugal y España) siendo menos accesible a otros países. También existen grandes vinos en los países del Nuevo Mundo que se esconden detrás de un tapón de rosca.

 

Un vino para ser bueno tiene que ser caro

 

¡Pues no! Y es lo que hace interesante a este hermoso producto. En todas las regiones pueden hallarse auténticas joyas, absolutamente increíbles, en bodegas poco o nada conocidas (y generalmente a muy buenos precios). El precio no siempre es sinónimo de calidad, es más, muchas veces se ofertan vinos bastante caros cuya relación calidad/precio no justifica su adquisición, desde el punto de vista gustativo, pese a estar avalados por una imagen de marca de gran reputación. Por ello no está de más apostar por el productor y bodeguero que nos facilita descubrir la joya que cambiará nuestro paladar y ampliará nuestra visión del mundo del vino.

 

 

 

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