FEAR OF MISSING OUT : FOMO

Popularizado en Internet en la última década, el acrónimo de fear of missing out, FOMO, el miedo a perderse algo, a no estar presente, bien sea una reunión social, perderse buenos momentos y a no disfrutar con amistades, parejas o familiares, pese a que a uno no le apetezca estar, temes perder el momento e incluso el miedo al olvido.

 Un vocablo ya habitual en la vida diaria. Sensación que tiene lugar con variabilidad individual en cuanto a intensidad que acaece con arreglo a 3 variables: competencia o confianza en las propias habilidades y capacidades, autonomía y la relación con uno mismo y con los demás.

Se trata de un temor que hunde sus raíces en la inseguridad del individuo, a la que se suma en muchas ocasiones el miedo al abandono. También pueden sufrirlo personas extrovertidas, ya que estas suelen regularse mejor con la interacción social.

La adolescencia, una etapa de riesgo

 Los adolescentes son más susceptibles a padecerlo debido a que las redes sociales (el vehículo que los transmite) fomentan percepciones y actitudes que alimentan estos miedos (“si no estoy, me quedo al margen”) generando ansiedad las más de las veces.

Ese “tendría que haber ido y estado”, que se ve amplificado a través de las redes sociales. Según el informa Digital 2022 España* el usuario español medio pasa casi dos horas y media diarias en las plataformas, por lo que este efecto de ampliación/lupa es significativo.

Si bien, todo dependerá del uso que hagamos de ellas. La pandemia ha demostrado que las redes sociales puede ser un excelente medio para mantenernos conectados, disminuyendo el sentimiento de desconexión y de soledad.

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El problema aparece cuando al observar que estás más pendiente de la vida de los demás y de permanecer en las redes sociales que de tu propia vida, de dónde están, qué hacen, qué fotos suben, que de lo que tu mismo haces.

Las redes sociales representan una realidad ficticia (virtual) paralela, dado que, lo que exponemos en ellas es todo lo bonito y agradable que tenemos, reforzando la idea de que bien vive el prójimo y que mal vivo yo…

Pero, ¿qué ocurre en nuestro organismo cuando sentimos FOMO?

Al tratarse de una sensación estrechamente unida al miedo, el FOMO hace que el cerebro responda poniendo al sistema nervioso en situación de alerta, por la amenaza que supone la pérdida de las relaciones sociales, puesto que, sin conexión social, nuestra existencia como especie se ve amenazada.

La sensación física y psíquica de miedo a ser excluidos está servida, el miedo a perder nuestra dimensión comunitaria que requerimos para sobrevivir.

El FOMO se compone de dos procesos:

Percepción de que nos estamos perdiendo de algo y, seguidamente, tenemos un comportamiento compulsivo que va a buscar esa conexión social anhelada a través de las redes sociales. Estos sucesos se asocian a la aparición de síntomas depresivos en algunas personas. (National Library of Medicine USA).

Las consecuencias en la salud mental son relevantes. El FOMO pudiera ser un factor de empeoramiento de algunos síntomas mentales. Así, en personas inseguras, el sentir que no son importantes en la vida de los demás, y en personas con algunos rasgos de miedo al abandono, también pueden verse agravados.

¿Cómo superar el FOMO?

 Si el sentimiento de presión para estar presente en todas las actividades y en todos los momentos de la vida de los que te rodean es claro y meridiano, quizá debas analizar el porqué de estos sentimientos. En este caso, la psicoterapia enfocada en una reestructuración cognitiva, para reajustar las creencias que hacen el que una persona necesite estar constantemente presente en la vida de los demás, es clave.

 Pese a tratarse de creencias muy difíciles de reestructurar (son muy profundas), se debe considerar el porqué es tan importante para uno mismo estar presente, o por qué consideras que si no estás presente se van a olvidar de ti. A fin de cuentas, esto no es más que un mecanismo de defensa: si estoy ahí constantemente, no me van a abandonar y seré importante para ellos.

En terapia, se suele estudiar de dónde proceden esas creencias, que habitualmente suelen tener su origen en una experiencia traumática.

En definitiva, el FOMO es un miedo que actúa como mecanismo de defensa, por lo que hay que trabajar psicológicamente de qué se está defendiendo.

Lograr una desensibilización bien, dejando de lado las redes sociales, (si no de golpe, si gradualmente) para darse cuenta de cómo le está afectando, por ejemplo, con la reducción del uso del teléfono móvil y cuáles son los beneficios que va obteniendo a cambio, por ejemplo salir más a la calle y tener otro tipo de contacto con la gente.

El mayor refuerzo es cuando te das cuenta de los beneficios que ello reporta, por ejemplo, nuevas actividades que gustan y el regusto por la libertad obtenida al superar una falacia*.

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