Estilo de Vida

ÉTICA Y GENOCIDIO EN GAZA

Por Jaber Jehad Badwan – Jaber Jehad Badwan, CC BY-SA 4.0, Enlace

Las ruinas de Gaza tras los ataques aéreos israelíes en el conflicto de 2023-2025 Jaber Jehad Badwan – Jaber Jehad Badwan Images from Gaza war 2023-2025
Gaza war 2023 – 2025 IMG 8182 – Gaza – Wikipedia, la enciclopedia libre

El principal drama moral de los tiempos actuales, para la humanidad en general.

Desde decataencata.com nos vemos obligados a contextualizarlo, señalando las consecuencias para la ética global y la humana en particular, más aún si cabe como médico, incluyendo las obligaciones morales. En el artículo nos referimos directa y concretamente a Gaza por su cruda actualidad y por sus peculiares características que hacen de la situación un hecho sumamente grave al poner en peligro el consenso moral internacional logrado una vez acabada la Segunda Guerra Mundial.

La apatía moral (la llamada adiáfora, Bauman y Donskis) ante lo que sucede en el mundo, es la forma esencial de situarnos ante la realidad, nos resulta indiferente… Describir el drama de la insensibilidad moral en las sociedades del capitalismo avanzado, en las que los sujetos están atomizados, aislados, desconectados de la realidad, muy a pesar de estar siendo constantemente bombardeados por todo tipo de estímulos e informaciones, acaban generando resistencias a la estimación y el juicio morales, desarrollando una “ceguera moral”. Con excesiva frecuencia veo a personas que permanecen inmutables ante el horror y las atrocidades de lo que sucede en Palestina, cuya vivencia es ajena y sin interés alguno. También observo a otras personas que, sin negar la gravedad moral de los acontecimientos y del drama gazatí, lo afrontan diciendo no tener responsabilidad alguna sobre él.

Cuatro, son los razonamientos utilizados para justificarlo, según la filósofa estadounidense Marion Young y, todos basados en la idea de “que somos gente honrada y trabajadora que paga sus impuestos y no somos culpables del mal del mundo”:

  • El primero es la reificación, la idea de que el mundo es tal como es y nada puede cambiarlo, igual que no podemos cambiar las leyes de la naturaleza (“es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, según Fredric Jameson, en una frase popularizada por Mark Fisher en su obra Realismo capitalista.
  • El segundo sigue la línea de la distancia: podemos quizás tener alguna responsabilidad hacia las personas cercanas, pero desaparece a medida que la distancia aumenta. Es decir, quizás pueda tener alguna responsabilidad ante mi vecina del quinto, pero no está nada claro que tenga alguna responsabilidad hacia una criatura de Gaza.
  • El tercero afirma que, en cualquier caso, podemos hacer poco, no tenemos ni tiempo, ni fuerzas, ni recursos para salvar a la humanidad, por lo que habrá que invertirlos en personas más cercanas.
  • El último tiene que ver con la ausencia de culpa, “no es cosa mía, yo no hice el mundo así, no es mi responsabilidad, arreglarlo, que lo hagan los políticos”, descargando toda la responsabilidad en el Estado, difuminando la responsabilidad personal.

Si bien no es óbice para pensar que nada de lo que es humano nos es ajeno, razón moral básica (Publio Terencio Africano). No podemos evadirnos ante una responsabilidad infinita, esencial y existencial, salvo que hagamos desaparecer en nuestras personas de todo vestigio de humanidad. Además, la situación de los niños de Gaza o de Mali es un producto directo de un sistema político y económico internacional que los sitúa en ese lugar… y a nosotr@s en este occidente enajenadamente rico. La forma en que se definen los roles y las posiciones existentes permite que los actores sociales contribuyan a la injusticia, incluso cuando no lo saben ni lo pretenden (Iris Marion Young), de este modo, nuestro bienestar no está desconectado casualmente del sufrimiento de las víctimas de los conflictos armados allá donde se produzcan y eso nos provoca cierta obligación de reparación. Y es una responsabilidad política que forma parte de nuestra estructura moral personal. Así, lo que les ocurra a las víctimas de conflictos lejanos, querámoslo o no, vaya si nos importa.

Un nivel adicional de obligación moral

Como médico mis obligaciones morales son sumamente exigentes.
Conceptualmente, mi profesión hunde sus raíces en las tradiciones griega y romana. Históricamente, solamente el sacerdote, el gobernante/juez/militar y el médico se han considerado profesiones (algo más complejo que un trabajador cualificado). Llamados a garantizar el orden en el ámbito de la naturaleza, del cuerpo social y del resto del cuerpo social, la polis y del cuerpo físico. Para ello formalizaban un contrato social tácito con el resto de la sociedad para proteger la estabilidad del orden natural, social y corporal y de recuperarlo cuando se pierda bajo un modelo relacional paternalista en el ámbito de las creencias, de la organización social y política colectiva y de la salud y enfermedad individual, un modelo dominante en la historia humana de occidente hasta bien entrado el siglo XVIII, con un elevado estatus que requería determinadas características específicas que diferenciaba a los profesionales de los artesanos o trabajadores, siendo esencial el del ámbito moral.

Obligaciones morales en tanto que persona

Se hallan ancladas en la Carta Internacional de Derechos Humanos.
Nuestras obligaciones morales personales han ido cambiando a lo largo del tiempo, configurando así la misma historia de la filosofía moral, de la ética.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 se destapó la barbarie y crueldad alcanzada por el proyecto de exterminio de judíos, gitanos, serbios y otros “indeseables”, llevada a cabo por la Alemania nazi lo que supuso un aldabonazo a la comunidad internacional ante la necesidad urgente de establecer mecanismos y compromisos que impidieran la repetición de tal aberración sádica en tiempos de paz. Una de las primeras medidas tomadas por la recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU, 1945) fue poner en marcha la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada el 10 de diciembre de 1948, que con un cierto resabio liberal no insistía en una idea que ya se hallaba en el mismo Contrato Social de Rousseau, cuál es que el ejercicio de estos derechos y libertades es imposible sin la existencia de una arquitectura social, económica, cultural y política que lo facilite positivamente. Los derechos humanos suenan a vacío invento burgués en los oídos de la mayoría de los desposeídos de la Tierra. Una idea defendida con fuerza por muchos países de la órbita soviética y que consiguió avanzar lentamente en medio de la Guerra Fría, hasta lograr la aprobación del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales por la Asamblea General de la ONU el 16 de noviembre de 1966 y en vigor desde 1976. Junto con él se aprobó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que concretaba más los derechos reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Los tres documentos conforman la Carta Internacional de Derechos Humanos, la guía ética que establece cuáles son los derechos básicos de las personas humanas en cualquier punto del planeta. Estos contenidos morales constituyen la especificación material moderna de la idea formal kantiana del obligado respeto a la dignidad de todo ser humano. En la medida que estos derechos básicos estén conculcados en cualquier país del mundo, yo como médico y todos los profesionales sanitarios, como cualquier persona, estamos obligados moralmente a denunciarlo y a hacer cuanto podamos para corregir esta situación, por lo que no cabe adiáfora insensible alguna.

Obligaciones morales como médico

El segundo nivel de obligación moral es el que deriva de mi condición profesional, que también ha ido variando y evolucionando con el tiempo, configurando la historia de la ética médica y de la bioética reciente, cuyo cambio fundamental tiene que ver con el código de comportamiento que incorpora las exigencias del mundo social externo, más allá del código moral interno, autodefinido y autorregulado de manera exclusiva y unilateral por los propios profesionales. El principio liberal de autonomía que proviene de la filosofía, la política y el derecho supuso una ruptura con el paternalismo clásico y con el modo de entender las obligaciones morales como profesionales, un principio que proclama el derecho de todas las personas a decidir en todos los ámbitos de la existencia, como en el de la salud y la enfermedad que opera mediante el consentimiento informado.
El Derecho Internacional Humanitario regula los conflictos en tiempos de guerra y la investigación con seres humanos que arranca con los Juicios de Núremberg a los médicos nazis y cuya base moderna es el llamado Primer Convenio de Ginebra, firmado en 1864 por las 16 naciones europeas según las propuestas de Henri Dunant que ya había inducido la constitución del Comité Internacional de la Cruz Roja. Otros tres convenios lo completaron a la vista de las dos guerras mundiales: las Convenciones de Ginebra I, II, III y IV, cuya redacción fue revisada en 1949, siendo la base jurídica del Derecho Internacional Humanitario. En 1977, tras la guerra de Vietnam, se introdujeron los protocolos complementarios I y II, para en el 2005 incorporar un tercer protocolo.
A partir de la década de 1980, todos los grandes códigos éticos y deontológicos, todas las sucesivas declaraciones morales en los diferentes campos de la medicina, asumieron estos nuevos paradigmas, tanto los derivados de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos y de la moderna Bioética. Todo un conjunto arquitectónico mundial de ética médica con obligaciones morales que nos vinculan a lo largo y ancho del planeta, acortando la distancia de la obligación moral.
Quizás un ciudadano o una ciudadana española pueda tener mayor o menor dificultad para percibir obligaciones morales concretas hacia una criatura amputada por un misil en Gaza o hacia un/una rehén israelí en manos de Hamás, por la distancia geográfica que los separa, pero eso no puede suceder en el caso de profesionales de la salud y, tampoco aquí cabe la insensible adiáfora.

El reto moral de Gaza

6 millones de judíos fueron asesinados en la barbarie que fue el Holocausto en manos de la Alemania nazi, marcando un antes y un después en la historia de las obligaciones morales de la humanidad. Los marcos éticos y jurídicos y otras muchas disposiciones que nos dimos entre todos tras esa tragedia, nacieron para evitar la repetición del horror de tal desastre, pero a la vista está, que el éxito dista mucho de haber sido completo. Innumerables guerras y matanzas han asolado el mundo: la guerra de Ucrania sigue confirmando la muerte de 12.600 civiles y más de 29.000 heridos, incluyendo 2.400 criaturas. Pero existen otros conflictos, incluso más sanguinarios, como la guerra de la región de Tigray en el norte de Etiopía entre 2020 y 2022, en la que se calcula que hubo entre 80.000 y 100.000 muertes, según la administración etíope, o entre 162.000 y 600.000, muchas de ellas por la hambruna secundaria al conflicto, según otras fuentes independientes. Ante estas dimensiones, ¿por qué es tan preeminente Gaza?, pues dos son los motivos, que la diferencia:

El genocidio:

La contextualización es necesaria, en el marco de la historia de la abierta ocupación y colonización de la Tierra Palestina por la población israelí, iniciada en 1948. El actual conflicto tuvo como detonante el ataque de Hamás al Estado de Israel el 7 de octubre de 2023, cuyo resultado fueron los 1.200 israelís fallecidos y 251 rehenes. El problema residió en que la respuesta israelí a esa agresión desbordó rápidamente el ámbito del tradicional “derecho a defenderse” en un marco de guerra convencional para pasar a convertirse en un proceso de limpieza étnica y aniquilación completa de cuanto existe y vive en la franja de Gaza, en un genocidio, una Gaza completamente arrasada, una población asesinada y hostigada de forma inimaginable. El sistema sanitario gazatí se halla totalmente destruido, con más de 1.400 profesionales sanitarios asesinados, con miles de rehenes civiles torturados y asesinados sin piedad alguna. Números que nada son al lado del objetivo final y el modo de actuación de Israel. De todo punto, inaceptable que por la responsabilidad de un grupo (Hamás), más de dos millones de personas (la población de toda Galicia), los residentes en la franja de Gaza, muchos de ellos menores de edad, asuman con este alto coste la responsabilidad de una minoría.
El delito de genocidio lo define el artículo 2 de la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio de la ONU (1948). Argumentos sólidos para aplicar este término a lo que hace Israel son los informes de la ONU (Francesca Albanese, relatora de la ONU), Amnistía Internacional o Human Rights Watch, la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional con argumentos demoledores.
Desde el final de la II Guerra Mundial no se había visto tal sistematicidad y tal brutalidad y menos aún ejecutada por una presunta democracia occidental y moderna. Ni el genocidio de Ruanda (1994), ni el de Srebrenica (1995), ni el del pueblo yazidí (2014) fueron llevados a cabo con tal minuciosidad y precisión, no es de extrañar que se hayan alzado voces diciendo que tal irracionalidad perfectamente planificada y ejecutada recuerde tristemente a la que el propio pueblo israelí sufrió a manos de los criminales nazis. Esto hace que el actual conflicto de Gaza exija de los profesionales y de las profesiones sanitarias una especial sensibilidad y compromiso moral en la denuncia de esta situación, tal y como señalan los códigos deontológicos de ética médica.

La destrucción del marco ético y jurídico internacional

Hasta el año 2023, los actos de violación de los derechos humanos se consideraban vergonzantes. Los gobiernos, los ejércitos, los cuerpos de seguridad o los grupos armados que los llevaban a cabo lo hacían clandestinamente. Trataban de justificarlos siguiendo diversas estrategias de comunicación política o de encubrirlos mediante el franco secreto. Sabedores de que, si llegaban a la opinión pública, el juicio moral sería negativo y seguramente tendría un coste político elevado.
Pero ya no, el gobierno israelí ha inaugurado la era de la publicidad abierta de las violaciones de los derechos humanos, retransmitiéndolos incluso en directo, como si de un simple videojuego se tratara. La clase política israelí, casi en su totalidad, ha aplaudido y alentado públicamente el genocidio, que ha sido apoyado también por buena parte de la población, clase médica incluida, aunque no toda. Así ha reforzado al máximo su estrategia gubernamental de Hasbará, un término hebreo que se traduciría por “explicación” o “esclarecimiento”. Esta estrategia implica la activación de una tremenda guerra informativa destinada a construir un relato totalmente justificador de sus actos, basado en determinadas afirmaciones que son repetidas hasta la saciedad, inundando todos los medios de comunicación occidentales y la mente de la ciudadanía, entre la que también está la de los profesionales de la salud.
Puede decirse que el gobierno de Israel ha violado presuntamente casi todo el articulado de los derechos humanos de forma pública, y desafiante a sabiendas de que estaba destruyendo todo lo construido desde 1950 y regresando a la impunidad de los campos de concentración nazis. Los procesos judiciales de la Corte Internacional de Justicia y de la Corte Penal Internacional han sido incapaces de detener la barbarie y han sido abiertamente impugnados e incluso ridiculizados por el gobierno de Israel. El problema adicional es que no lo ha hecho solo. Sus actos han sido explícitamente apoyados por Estados Unidos y tolerados por la mayoría de los gobiernos occidentales. La complicidad y la servidumbre de la gran mayoría de los medios de comunicación en esta tarea de blanqueamiento, manipulación emocional (gaslighting), legitimación de la barbarie y lavado de cerebros es clamorosa. El resultado final es que las líneas de defensa de la comunidad internacional ante todos estos hechos se han mostrado muy frágiles. La ruptura del sistema ético y jurídico mundial es ahora casi completa. Por eso, las consecuencias de esta debacle no van a afectar solo a lo que está sucediendo en Gaza. Gaza es una caja de Pandora abierta que trasciende a la propia Gaza. Lo que está pasando va a afectarnos a todos y todas en cualquier punto del planeta, porque nos devuelve a las puertas de los campos de concentración, al mundo sin ley, sin moral y sin piedad, donde todas las formas de violencia pueden ser posibles.

Postura y respuestas ante el reto moral de Gaza

En esta situación de quiebra moral internacional solo cabe la resistencia activa como profesional y humano, apelando a las diversas organizaciones profesionales e institucionales para la prestación de ayuda con una mirada altamente empática hacia este vergonzoso conflicto, atenta a las necesidades sociosanitarias si es que queremos de verdad un camino de regreso hacia el futuro. Comunicados de condena, reflexiones éticas más allá de los intereses económicos, políticos y sociales que se entretejen. Triste es ver la actitud de enorme pobreza moral de las sociedades científicas y profesionales, como la Organización Médica Colegial de España, la Asociación Médica Mundial, por su tardía y tibia postura ante el conflicto de Gaza y sobre todo frente a la actitud de profesionales sanitarios israelitas en la guerra abierta y en la propia práctica profesional.
Se salva de la quema moral, el editorial de Lancet de 24 de mayo de 2025, por su postura valiente y comprometida.
En esta situación de emergencia moral mundial estoy llamado a ser un defensor de la ética mundial, más allá de las consecuencias de lo que pueda ocurrir en Gaza.
Quisiera recordar aquí, la expresión judía: tikkun olam, que significa reparar el mundo herido, que constituye un concepto central del judaísmo e implica la búsqueda permanente del cuidado y de la justicia de cuantos te rodean. La expresión palestina sumud, que significa firme resistencia, invoca la fuerza de resistencia activa y pasiva del pueblo palestino, su anclaje a la tierra, ante la permanente agresión de la fuerza ocupante israelí. Estamos llamados a ser fuente clara de tikkun olam y de sumud para evitar que nuestro mundo se hunda en la adiáfora, para nunca más regresar a las puertas de los campos de exterminio.

 

Resumen

El genocidio actualmente en curso en Gaza supone un reto moral de primer orden. Existen diferentes actitudes posibles ante los conflictos morales, una es la negación de su relevancia (adiáfora) otra es la del escape auto exculpatorio utilizando diferentes tipos de justificación. Ninguna de estas actitudes es aceptable para un profesional de la salud, dada la relevancia social que tiene precisamente por su definición como profesional.

Cualquier profesional de la medicina tiene, en primer lugar, las obligaciones morales que derivan de su condición de personas y que están vinculadas al respeto a la Carta Internacional de Derechos Humanos. Pero, además, tiene las obligaciones específicas derivadas de sus códigos de ética médica y deontología.

Todas estas obligaciones han sido puestas en jaque por las actuaciones del gobierno israelí en su represión de la población de Gaza tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Dichas actuaciones son etiquetables como genocidio. La tolerancia que han mostrado la mayoría de los países occidentales ante esta bárbara actuación crea un reto moral sin precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Los médic@s, estamos llamados a ser un núcleo de resistencia ante esta gravísima actuación.

Bibliografía:

Ramos Tolosa, J. Una historia contemporánea de Palestina-Israel. Madrid. Los Libros de la Catarata. 2020.
Jabr S. Tras los frentes. Crónicas de una psiquiatra y psicoterapeuta palestina bajo ocupación. Granada: Hoja Monfíes. 2022.

MUSICANDO

La fotografía

https://www.admiddleeast.com/story/best-palestinian-artists-you-need-to-know-about

Dejar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »