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Un aspecto o detalle que a menudo pasamos por alto en las bodegas y que puede ser fatal para las botellas de vino.
La temperatura fresca no es la única condición de una bodega saludable. Por ejemplo, el riesgo de fugas de las botellas puede provocar un desastre.
Desde que almacené mi colección de vinos en la bodega, suelo consultar la temperatura en el termómetro con cierta frecuencia, sabedor de que el calor y el choque térmico es uno de los peores enemigos, sobre todo si uno de tus anhelos es el que tus vinos puedan envejecer más allá de los diez años. A este respecto consigo mantener la temperatura en torno a los 12 º C, ideal.
Pero, a pesar de ello, tengo la impresión de que alguno de los vinos están evolucionando anormalmente rápido. La última vez que descorché un vino blanco, me pareció que estaba ligeramente oxidado, un fenómeno que como bien sabéis no está necesariamente relacionado con la temperatura y, es que en una bodega, otro criterio esencial debe respetarse.
La esencia de una bodega saludable
Según dónde vivas, este factor afecta en mayor o menor grado. De hecho, al igual que la temperatura, varía según el clima. Por ejemplo, si habitas en una zona montañosa, se requiere un control vigilante añadido sobre el aire seco, mayor en estas zonas. Y, por ello, para que los vinos envejezcan en buenas condiciones, la bodega debe permanecer con un nivel ideal de humedad, entre un 70 o un 75 %.
Cuando la humedad es demasiado baja, los corchos tienden a secarse y encogerse, perdiendo estanqueidad y oxidándose los vinos como consecuencia, provocando que las botellas se filtren, por lo que algo realmente muy importante, es incorporar en la bodega un termómetro/higrómetro, con lo que por menos de 20 €, logramos controlar la bodega de forma eficiente y precisa.
Pero, ¿qué hacer si el ambiente está excesivamente seco?, lo mejor que podemos hacer, antes de invertir en un humidificador, es cubrir el suelo con grava y rociarlo con un poco de agua para humedecer el aire. En el caso de que el espacio del piso es limitado, puedes sumergir una maceta de barro en un jarrón lleno de agua y colocarla en un estante, así, y, gracias a su material poroso, el recipiente redistribuirá gradualmente la humedad en la habitación.
