EL OTRO RECIPIENTE VÍNICO: LA BOTA DE VINO

En 1897, y por Real orden, se estableció que los soldados españoles destinados en Cuba recibiesen uno de estos odres como parte de su equipo reglamentario. Lo inventó Juan Naranjo.

Para descubrir el origen de la bota de vino tenemos que viajar muy atrás en el tiempo. Se han encontrado testimonios de la existencia de este objeto en la Grecia Antigua, cuando Homero, en la Odisea, cuenta que Ulises embriaga al cíclope Polifemo utilizando vino en odres; incluso en la Biblia aparecen referencias: Noé embriagado por sus hijos. Las menciones se extienden a lo largo de todo el siglo de Oro de la literatura española, donde El Quijote, por supuesto, no queda afuera, (cuando el viejo hidalgo destroza a mandobles y estocadas los pellejos del ventero).

“…¡Oh bota que vas colgando del arzón de la silla, por sí o por no, eres tan devota mía y te quiero tanto que te prodigo mil besos y mil abrazos, te elevo a las nubes con miedo que recojas el agua!…”. El Quijote, Cervantes.

Observa a continuación las:

Fotos de la bota de vino reglamentaria y relación de prendas recibidas por los reclutas – Centro de Historia y Cultura militar de Melilla.

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BOTA. s. f. “Cuero pequeño empleado por adentro con un brocal de palo, ò cuerno, como un embudo pequeño. Es cortado en forma piramidal, rematándose en el brocal muy angosto, y está cosido muy fuertemente, para que mantenga el licor que se echa en él”.Diccionario de la Lengua Española (1726).

Más cercanos a nuestra historia del siglo XX, recordar:

Fui en busca del sitio donde vendían botas de vino. Un hombre me agarró del brazo y me guió. Adentro olía a cuero recién curtido y alquitrán caliente. Un hombre marcaba odres recién terminados. Colgaban del techo, en ristras…»Fiesta, Ernest Hemingway.

Si el vino es el caldo popular por antonomasia, su consumo en bota nos conecta con los amigos, con las tardes de verano en el campo, con las fiestas patronales de nuestra juventud. La bota de vino nos recuerda que no importa tanto la bebida, como el hecho de compartir momentos. Hablar de ella es profundizar en nuestras tradiciones, en nuestra historia compartida.

Tras haber recalado en Pamplona procedente de Almudévar (Huesca) en 1873, D. Gregorio Pérez se asocia con el artesano D. Eusebio Iglesias para fabricar, de forma totalmente artesanal, las botas de vino que les habían de conferir fama mundial.

En 1916 tiene lugar el nacimiento de las trillizas de D. Gregorio Pérez, un acontecimiento extraordinario para la época, que además de revolucionar la vida de la familia, inspiró la creación de una nueva marca, Las Tres Z.Z.Z., en honor a las recién llegadas tres zagalas y los odres sobre sus cabezas.

Don Gregorio Pérez, su esposa y las trillizas y los odres sobre sus cabezas.

Técnica y procedimiento para beber de la bota

Aunque no existe mucha ciencia para beber vino de una bota, por las dudas, te ofrecemos algunas recomendaciones:

  1. Agarra la bota con la mano izquierda alrededor de la parte alta y con la mano derecha abre la tapa. Luego, con la mano derecha, agarra la parte baja de la bota. Obviamente, si escribes con la mano izquierda, invierte los pasos que acabamos de darte: con la mano derecha agarras la parte alta y luego destapas la bota con la izquierda para, seguidamente, con esa misma mano, tomar la parte baja de la bota.
  2. Luego llevas el brocal ya abierto, por su parte superior, hacia la boca y con los brazos apenas flexionados levantar e inclinar la bota para luego apretar suavemente la parte inferior.
  3. A medida que vayas adquiriendo práctica, podrás regular la potencia o duración de la entrada de líquido estirando y flexionando los brazos.
  4. Para finalizar el trago, acercas la bota a la boca y relaja la presión en la parte baja, luego giras apenas la bota y la bajas.   

Dirigir y redirigir el chorrillo hacia diferentes zonas de la boca con intensidad diversa, supone un estímulo sensorial pleno.

Saúde companheira.

Otro invento catalán, beber menos y mejor, el ahorrillo que asegura sostenibilidad y educa en el buen beber. 

El porrón también se debe a la inventiva, al I+D+i, catalán: “lo bueno, si es en chorrito, dos veces bueno”.

 Frase muy popularizada escrita por Baltasar Gracián en el Oráculo manual y arte de prudencia (Huesca: Juan Nogués, 1647), quien añadía: «Y aun lo malo, si poco, no tan malo». Esta obra literaria pertenece a la prosa didáctica de Gracián; comprende trescientos aforismos comentados, los cuales constituyen un conjunto de normas para triunfar en la sociedad contemporánea a Gracián, el Barroco. En muchas ocasiones, se dice: Lo breve, si bueno, dos veces bueno.

¿Por qué la utilizamos?

Lo que la ha hecho popular, a lo largo de los siglos, en nuestro país es su increíble carácter práctico. Y es que no solo hablamos de una manera sencilla y ligera de transportar vino. También estamos hablando de un accesorio sumamente resistente y flexible.

Quizás decir que es completamente impermeable nos haría creer que es la principal razón de su uso popular. Pero no nos equivoquemos: más allá de su lista de bondades, hay una que hace de la bota de vino la compañera perfecta. Y no es otra que su increíble capacidad de mantener fresco el líquido que guarda dentro de sí.

Por último, tengamos en cuenta dos aspectos más para acabar de comprender por qué la bota de vino es un auténtico imprescindible. Por un lado, porque es sumamente higiénica. Por otro, porque es respetuosa con el medio ambiente y evita el consumo de materiales de un solo uso.

Y, si bien este último motivo no ha sido históricamente una razón para consolidar la bota de vino en el pasado, sí puede ser uno de peso en el presente.

A la vez se bebe menos y mejor.

 

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