EL JAPÓN, LA ESTRELLA ASCENDENTE DE LOS VINOS DEL NUEVO MUNDO

Viñedo en Takahiko, ¡año de nieves, año de bienes!

Los japoneses consumen 2,94 litros de vino por año (en 1980 eran 0,93 litros anuales. La producción local está cercana a los 15,8 millones de litros en 2017, lo que supone el 4,8% del mercado.

 Bio y terruño, son conceptos sencillos pero que cada vez se hacen más populares, la viticultura nipona, cada vez más considerada como una actriz seria en este universo viticola del nuevo mundo.

¿Quién dice que no tapean?

 

El domaine Takahiko, tiene 2,5 hectáreas de viña en Yoichi, en la región de Hokkaido (norte de Japón), que fácilmente produce unas 15.000 botellas de un vino elaborado a partir de la pinot noir, a un precio unitario (por botella) de 4.000 yen (33 euros).

 Yoichi es una pequeña ciudad de 20.000 habitantes encaramada sobre el mar de Japón, muy conocida por su producción de fruta y acoger en su seno al productor de whisky Nikka. Y mira por dónde, se ha constituido en el bastión de la viticultura nipona, con la multiplicación de pequeñas explotaciones. El domaine Takahiko fue creado en 2009 por Takahiko Soga, con tan sólo 10 millones de yen. Con su ayuda, 4 empleados veteranos han creado su propia explotación en Yoichi.

Viticultura selectiva

 Su éxito descansa sobre la elección de la producción “bio” y sobre la calidad, así como sobre la base francesa del “terroir”, que Takahiko Soga describe como “una reflexión sobre el gusto local, sobre qué, se come lo que se siente,  se percibe, con nostalgia”, lo que en Portugal se llamaría “saudade”.

Desde hace 15 años, la tendencia hoy, está reforzada, según Tomoyuki Takao, propietario del restaurante de cocina italiana, Takao, con una estrella Michelin, en cuya carta de vinos, propone los vinos locales, en franca y espectacular progresión en los últimos 10 años.

El acento se pone en el valor y no en el volumen de producción.

 La producción vitícola japonesa no es nueva.

Viticultores nipones que visitaron y pasaron por las aulas de las Escuelas de Enología francesas o por los grandes grupos tales como Mercian, desarrollaron en los años de la década de 1960, en las regiones de Nagano, Yamagata y Yamanashi, la famosa variedad “koshu”. (Ver más adelante).

Haciendo cultura

Hoy en día, los japoneses consumen unos 2,94 litros por persona y año, respecto a los 0,3 litros de los años 1980.

 La producción local alcanza los 15,8 millones de litros en 2017, exactamente, el 4,8% de un mercado siempre dominado por las importaciones chilenas, americanas o francesas.

 La novedad pone el acento en el valor antes que en el volumen de producción, con un especial respaldo de la Administración Pública.

 Para obtener la denominación de vino japonés, hay que elaborarlo con un 5% de uva producida localmente. Desde el año 2018, es necesario que lo sea en un 100%.

vendimia en Yamanashi
Vendimia en Yamanashi

 En el año 2011 a la ciudad de Yoichi, se le atribuyó un estatuto particular, el denominado “zona especial para el vino”.

 La ayuda de un millón de yen dirigida a los productores participantes en concursos internacionales, por parte del ayuntamiento, de la mano de su alcalde Keisuke Saito, con el ánimo de que los vinos japoneses conquisten las buenas mesas americanas y europeas.

Existe un restaurante parisino, el Papilles, que sirve un vino producido por Rita Farm en Yoichi.

 

Koshu
Koshu

Breve historia 

Introducido en Japón a principios de la era Meiji, el whisky fue adoptado con mucha más rapidez que el vino. Las primeras destilerías aparecieron en 1918. Sus técnicas de producción, que mezclan tradiciones escocesas e innovaciones niponas, permiten obtener alcoholes alabados en todo el mundo, que rivalizan incluso con los mejores whiskies Scotch. Algo que no supone ninguna sorpresa si sabemos que los grandes productores japoneses han adquirido explotaciones en el norte de Escocia, utilizando su producción europea para producir sus blends.

Las rosas en los viñedos

Allá por el 1475, el rey de España, Fernando V de Castilla cuya esposa era la reina Isabel I de Castilla, recibía constantes reclamos sobre unos viñedos que según la reina, no tenían gracia. Para complacerla, el rey decidió “adornarlo”, plantando rosales alrededor del mismo. La reina maravillada por el cambio estético pidió que se plantaran rosales en todos los viñedos del reino.

La realidad que el motivo no es decorativo sino preventivo. Las vides son muy sensibles al ataque de un hongo que provoca una enfermedad llamada “oidio”, muy dañina y difícil de erradicar si no se detecta precozmente. Este hongo también ataca las flores delicadas, como las rosas, y sus síntomas (manchas en las hojas) son visibles antes en los rosales que en las vides. Por tanto, el motivo es que el rosal sirva de alarma para detectar a tiempo la enfermedad y tratarla en la viña antes de que sea demasiado tarde.

Japón no es un tradicional país productor de vino, el cultivo de la uva se destina en su mayor parte para consumo de mesa. En el 2015 se consumieron 333.000 litros donde sólo 112.000 procedían de la producción en Japón, el resto fue importado principalmente a Chile, Francia e Italia.

Datan del siglo XVI los primeros documentos de consumo de vino en Japón de mano de los misioneros Jesuitas de Portugal que lo introdujeron como obsequio a los señores feudales. Fue en la Era Meiji cuando la primera bodega iwamura en Katsunuma, envió gente a burdeos para aprender las técnicas de producción de vino. Por el clima húmedo del país el cultivo no fue fácil, obteniendo al principio vinos con una astringencia y acidez excesivas. Tuvo que ser a partir de los años 80 cuando la habilidad para la elaboración del vino aumentó centrándose en la producción de vinos de calidad superior utilizando únicamente uvas producidas en el país. En 1995 Shinya Tasaki fue el primer japonés en ser elegido «mejor sumiller del mundo», lo que aumentó la conciencia pública en torno al vino. En el año 2000 el consumo de vino siguió creciendo al igual que las compras de vino importado.

La producción en la actualidad

En Japón hay pocos productores independendientes, la estructura industrial está dispuesta para que sean grandes empresas de bebidas las que la controlen. En Japón se pueden distinguir unas 10 regiones vinícolas, destacando la de Hokkaido que produce un 40% del total.

Como comentamos anteriormente la mayor parte de las variedades dedicadas únicamente para la vinificación son limitadas, estas cepas importadas son, Müller-Thurgau, Merlot, Chardonnay y Cabernet Sauvignon. Tienen mucha fama los vinos blancos pálidos, frescos, suaves y afrutados que combinan muy bien con la gastronomía japonesa producidos a partir de la uva Koshu cultivada principalmente en la prefectura de Yamanashi, considerada local al llevar su cultivo más de un siglo, aunque realmente procede del Cáucaso.

En Japón no hay una organización nacional legal según el origen o los tipos de uva, pero los organismos autónomos que son independientes han comenzado un sistema de denominación regional, parecido a las AOC en Francia o a las DO en España.

Con una producción local de tan sólo el 4,8%, necesariamente recurren a proveedores externos y ahí estamos, con los vinos de la tierra de mi madre, Cariñena.

¿ Dónde encajamos nosotros ?

Un blanco y un tinto consiguen el Gran Oro en los Sakura Japan Women’s Wine Awards 2020, Vinem Blanco 2019 y Vinem Reserva 2015.

Bodegas Esteban Martín, perteneciente a la D.O. Cariñena, ha conseguido dos galardones gran oro. Otro vino de garnacha 100%, La Bella 2018, elaborado por Artiga Fustel en la D.O. Campo de Borja, ha conseguido el mismo premio, que les permite pasar a la fase final para conseguir la categoría “Diamond Trophy”.

Vinem Reserva 2015 es un coupage de garnacha y cabernet sauvignon con 12 meses de barrica. Vinem Blanco 2019 se trata de un vino joven y fresco, pleno de fruta, en el que el chardonnay se equilibra a la perfección con el macabeo. Ambos disponibles en el mercado asiático y norteamericano.

Estos vinos se presentaron el día de San Valentín, día dedicado a la mujer en el país del sol naciente, protagonista central de estos galardones del Japan Women’s Awards, uno de los concursos internacionales de vino más importantes del continente asiático, con una participación en este 2020 de más de 29 países y con un total de 4.333 vinos presentados.

El jurado está compuesto únicamente por mujeres que lideran o tienen responsabilidades en industrias vitivinícolas en Japón.

La cata realizada por el jurado es a ciegas, y solo se conoce la variedad del vino y el rango de precio que ostenta. Se establecen 3 categorías: medalla de plata, oro y gran oro. Éstos últimos pasan a la fase de elección de los premios diamante.

Con medalla de oro, han sido galardonados otros 8 vinos aragoneses de las D.O. Calatayud, D.O. Cariñena, D.O. Somontano y D.O. Campo de Borja.

 

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