EL FRAUDE Y EL VINO QUIÉN Y CÓMO SE CONTROLA

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Durante la época clásica el vino se adulteraba y falsificaba con tanta frecuencia que Plinio el Viejo* se quejó de que ni siquiera la nobleza podía asegurar que su vino era genuino.

En los últimos años, el mundo vitícola ha sido testigo de numerosos sucesos y escándalos ligados al fraude  y a la falsificación. Mezclas engañosas, etiquetas falsas en las Denominaciones de Origen, ventas no declaradas, estafas diversas y numerosas han llenado la actualidad remota pero actual del mundo del vino.

La represión del fraude debe estar en alerta permanente para lo que hay que redoblar la vigilancia y los controles.

En “Cleveland”, la obra del Abad Prévost, el héroe es víctima de una estafa por parte de un “marchand”, a consecuencia de lo cuál se le mete en la cabeza que la estafa y el comerciante de vino son sinónimos y costumbre arraigada en esta profesión.

Procedimientos culposos tales como la alcoholización (encabezado) del vino o la coloración del mismo son maniobras veteranas desde  etapas remotas, que han cobrado actualidad en Francia recientemente dando la razón a Cleveland, el héroe de Prévost.

Por ejemplo, en 2018, los profesionales del sector alertaron sobre la existencia de un inmenso fraude con los vinos a granel importados de España y embotellados en Francia, como vinos franceses de alta gama, con Indicaciones Geográficas Protegidas, todavía en proceso judicial, penado con dos años de prisión y 300.000 euros de condena.

Recientemente, a finales del año 2021, en Burdeos, el “négociant” de vino bordelés Vincent Lataste, fue condenado a un año de prisión y al pago de 30.000 euros por estafa y tentativa de estafa por las calidades de los vinos y la utilización fraudulenta de la Denominación de Origen Protegida (A.O.P). Habiendo sido ya condenado anteriormente, en el año 2016 por traficar con vinos de la luna (vins de lune).

Los servicios de represión del fraude estiman que más del 20% del comercio internacional del vino está afectado por el fraude, la friolera de unos 3 millones de euros en género falsificado.

Los cuerpos especiales para la represión de los fraudes en el sector del vino

Remotamente, en Francia, tanto el poder de la realeza y a los parlamentos provinciales ya les inquietaba el tráfico fraudulento del vino. Así, desde 1351, los comerciantes e intermediarios en el negocio del vino fueron obligados a indicar la región de origen y cumplir las diversas disposiciones que se crearon al efecto. Es en el siglo XIX, tras la crisis de la filoxera, en que tuvo lugar una superproducción de vino allende las fronteras galas, en que se obligó a declarar el volumen de las cosechas y de los stocks existentes, lo que tuvo lugar a la par que la creación de las Denominaciones de Origen (A.O.C) en 1935. Medidas todas ellas conducentes a prevenir el fraude, pero que a la vista de los hechos, desgraciadamente, no ha reportado todos sus frutos.

En el Midi vitícola de 1907, se registraron los primeros casos de “chaptalización”* del vino *Adición de azúcar para aumentar el grado alcohólico, a raíz de lo cual se creó un cuerpo especial cuya misión es  prevenir y reprimir el fraude. Hoy, desde el inicio de la década de 1980, se encarga de ello la Direction Générale de la Concurrence, de la Consommation et de la Répression des Fraudes (DGCCRF) que se ocupa de llevar a cabo los controles en el sector del vino y de los espirituosos. Órgano que se rige por la Ley de 1 de agosto de 1905 que define los delitos de fraude y falsificación.

Actualmente, ante la recrudescencia del tráfico dudoso, los controles ocupan un lugar especial en su actividad. Para ello existen 9 Brigades d’enquêtes Vins et Spiritueux” (BEVS) que cuenta con 50 agentes repartidos por todo el territorio galo que llevan a cabo los respectivos controles (varios miles al año), que incluye el estado de la producción por parte de los viticultores y bodegueros, négociants, vinificadores, elaboradores de productos enológicos y destilerías, así como el respectivo control sobre los stocks, las cosechas y el embotellado de los vinos.

Una vez completados los controles sobre la producción, se valora el estado de la distribución, del aspecto comercial, de la importación, de la exportación y del posible fraude. Los agentes verifican, por ejemplo, la presentación de los productos en la red HORECA: hostelería, restauración y cafeterías así como de las propias cadenas de distribución, vinotecas y, evidentemente de su presencia en Internet.

El objetivo es doble: asegurarse de la legalidad de los productos, de su seguridad, de la conformidad jurídica con la finalidad de proteger al consumidor y garantizar una auténtica competencia sin falseamientos por parte de los operadores del sector vitícola.

La acción del BEVS se orienta hacia la investigación de prácticas ilícitas (chaptalización, falseamiento de las Denominaciones de Origen (A.O.C y A.O.P), humectación, coloración del vino, etiquetas falsas), con el fin de preservar la imagen cualitativa y de prestigio de los vinos franceses en el territorio galo y sobre todo a nivel internacional. T

oda esta labor se lleva a cabo en diversos laboratorios (11 en Francia), dedicados a la represión del fraude en que los agentes analizan las cantidades, las mezclas (coupages), la radiactividad (para detectar falsos envejecimientos) en añadas especiales, la composición del vidrio o los isótopos que permiten identificar el origen geográfico y la añada del vino.

Las cifras del fraude en España

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