El buen momento del vino español Parte III.

El buen momento del vino español. Parte III

La mayor empresa española, García Carrión (Don Simón, Pata Negra) no llega a facturar los 700 millones. La segunda en la clasificación está muy por debajo: Félix Solís (Albali) vende poco más de 200 millones, según datos de Informa. Después vienen cuatro productores entre los 100 y los 200 millones y hacia abajo, todos los demás. Desde Segura Viudas, Faustino, a Ramón Bilbao, Barbadillo o Vega Sicilia, por ejemplo. Todos están entre los 25 y los 50 millones. ¿Escasa dimensión?. Depende, contesta Carlos Villar, director de Protos. Nosotros somos muy rentables. En la crisis crecimos a doble dígito en hostelería por el efecto refugio que se produjo sobre las marcas.

Distribución en la inversión

Hay otro dato para reflexionar, y es que el vino apenas ha recibido inversión externa, al menos no como otros sectores. Es cierto que Changyu, el emporio chino capaz de fabricar 400 millones de botellas con una sola de sus marcas, ha comprado Marqués del Atrio en Rioja. Otros fondos han apostado tímidamente por el terruño, pero, como resume Miguel Sanz, quien quiera comprar cuota de mercado en España deberá hacerse con muchas bodegas, y no es fácil. La dimensión de la industria es la que hace que no haya una apuesta por invertir. Lapuente ve desde Rioja la entrada de capital chino o ruso en su denominación de origen como algo que no es determinante ni supone un tipo de sesgo.

Estamos hablando de un grupo de estructura importante, lo veo más como un socio estratégico. Podríamos analizar el fenómeno si hubiese una entrada masiva de capital, pero por ahora es testimonial. Porque, además de cierto glamour, ser bodeguero de éxito supone un esfuerzo por el elevado inmovilizado financiero necesario. Hay que estar muy loco para tener un stock de tres millones de botellas en un almacén esperando a que envejezcan, decía hace unos meses Isaac Muga, de las bodegas que llevan su apellido. Los fondos necesitan visualizar la rentabilidad para digerir la inversión. En cambio, las empresas del Nuevo Mundo, desde Australia a Chile o Argentina, sí aportan ese carácter más comercial, esa visión anglosajona del negocio, y tienen otra dimensión más atractiva para el capital.

Grandes y pequeños

En esa visión plural de la industria hay otras realidades, como señala Cristina Alcalá, gerente de la DO Ribeiro. Está la parte más industrial, con grandes actores que elaboran vinos, mostos, destilados. Luego están las bodegas – muchísimas – de denominaciones más pequeñas, que en exportación van más lentas. Hay una enorme variedad de mercados para muchos tipos de vino. 

China, valora, es un país que crece y al que todos quieren seducir, pero advierte, también está plantando mucho viñedo. ¿Qué pasará dentro de cinco o diez años , cuando sus nuevas cepas estén en producción?. Además el conocimiento lo están llevando profesionales europeos. Por eso creo que no hay que abandonar nunca el mercado interno al tiempo que se rompe esa falta de cultura empresarial que hay hacia la exportación. El valor de denominaciones pequeñas está en lo genuino, lo autóctono, en la identidad propia diferenciadora, porque nuestro vino no lo van a entender todos los estados de Estados Unidos, pero tiene su público .Hay que saber muy bien dónde quieres exportar y qué vas a promocionar, esa es la clave. Y casos como Ribeiro, con 5.000 viticultores y 115 bodegas hay unos cuantos en España.

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