El buen momento del vino español. Parte II

El buen momento del vino español. Parte II.

Otro dato inquietante es que los varones por encima de los 50 años son los que realmente sustentan el mercado interno. Quizá por eso se programen jornadas como la que organiza Lidl este mes en Madrid bajo el elocuente título: SOS vino en España, para fomentar el consumo.

Público joven

Queda mucho para rescatar esa cultura que se tenía. El vino ha pasado de ser parte de la dieta a protagonista de momentos de consumo un poco elitistas, reconode David Palacios. Los jóvenes, en esta reconquista soñada, están en el centro de la diana. Pero ocurre como en el turismo, que lleva décadas hablando de que tiene que ampliar el modelo de sol y playa pero nunca lo consigue. En el vino el discurso de seducir a las nuevas generaciones es recurrente. Aún así por ahora no hay  rastros de esos millenials encantados ante una copa de tempranillo. Nosotros tenemos un mensaje distinto. Les decimos: lo más importante es que te guste, dice Jordi Vidal. La cerveza, señala, ha buscado venderse como una experiencia para ciertos momentos. En cambio en el vino nos hemos complicado el discurso durante años trasladándolo como una bebida compleja en la que hay que introducirse tras una iniciación.

En Ribera del Duero también hablan de que hay que aprender. Sabemos producir muy bien y no sabemos vender, ha ocurrido en el aceite o el jamón. Hay que invertir más en promoción, educación, en formar equipos de exportación, valora Miguel Sanz, director general de la denominación. En palabras de José Moro, presidente de Emilio Moro, todo empieza por uno mismo. Los propios bodegueros tenemos que creérnoslo y conocer lo que tenemos. También matiza, que hay que saber lo que tiene la competencia.

Adaptarse al cliente

El punto de partida es la remontada del consumo y la gran demanda exterior. Ricardo Alcón, responsable de Nuevos Negocios de Nielsen, constata el crecimiento del canal de hostelería enfocado a vinos de calidad. Es quizás, una de las mejores noticias. En el segmento de alimentación apenas cae el consumo. Es verdad que sigue habiendo ciertas barreras para que la gente joven entre en este mundo. La primera es el sabor, a las personas que no están habituadas les cuesta. Por eso crecen las categorías de vinos más frescos y fáciles de tomar. En los lineales aumentan los productos de baja graduación  que no hacen sino recuperar usos antiguos. Entre ellos el vino mezclado, para fomentar el consumo doméstico. Es la tendencia de simplificar lo complejo para parecerse a otras categorías que han crecido sin parar.

La demanda de cerveza, un rival cada vez más duro, ya alcanza los 46,4 litros por persona y año. El de la rubia es un mercado dominado por un puñado de grupos con enormes presupuestos para publicidad y una gigantesca penetración social. Todos conocemos a Mahou, San Miguel, Heineken, Damm o Hijos de Rivera. El vino es otra historia, y quizá es bueno que siga siendo así. Así responden en el sector. Quizás esto sea bueno para para proteger el terruño, la exclusividad o la variedad que hace al país un buen productor.

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