CUANDO EL WHISKY CREA ALARMA EN LOS MERCADOS ESPECULATIVOS

copa glencairn

La copa Glencairn, introducida en 2002, es utilizada por todas las destilerías de whisky de Irlanda y Escocia.

 El whisky (del gaélico escocés: uisge-beatha), whiskey (del irlandés: uisce beatha o fuisce), wiski ​ o güisqui ​ es una bebida alcohólica obtenida por la destilación de la malta fermentada de cereales como cebada, trigo, centeno y maíz, y su posterior añejamiento en barriles de madera, tradicionalmente de roble blanco. Esta bebida alcohólica se comercializa con un contenido alcohólico de entre 40 y 62 % de volumen. Siempre seductor, en cualquier rincón del mundo. Hoy, desde decataencata.com os aportamos nuestra última valoración respecto a los precios, el coleccionismo, las últimas tendencias y novedades.

 El single malt escocés, el blend japonés o francés amén de los hispanos… El whisky es apreciado siempre en cualquier rincón del mundo. Es una bebida cuya degustación también está sujeta a modas por lo que se adapta magníficamente a la evolución de los gustos, expectativas y del mercado. La demanda desde hace unos 15 años hasta el momento actual no cesa de aumentar, en especial de whiskies que han envejecido largamente en barrica (no menos de 15 años) y embotellados recientemente. Los precios por las nubes y a pesar de ello no disuaden a los compradores chinos, los principales compradores. Así, por ejemplo, a finales del 2020, botellas de The Macallan de 71, 74 y 78 años, fueron vendidas por 76.900, 95.200 y 100.99€. El pasado mes de octubre, el más viejo single malt del mundo, un Glenvinet de 80 años,  envejecido en barrica en el año 1940 y embotellado por Gordon & MacPhail en 2020, fue adjudicado en subasta por 166.775€. Así mismo, seis single malts de The Dalmore Decades, añadas de 1951, 1967, 1979, 1980, 1995 y 2000, tuvieron un precio de partida en la subasta de  966.640€ siendo revendido por 1.110.000€.

Dos botellas que cuestan el precio de un piso

Para explicar la extrema rareza de estas maravillas y, en parte, sus precios de vértigo, debemos retrotraernos al último siglo. Durante la Segunda Guerra Mundial, las destilerías escocesas estaban paradas. Desde principios de 1950, reinician su actividad productiva hasta principios de 1970. Época en la que tiene lugar la primera crisis petrolífera y en la que la mayor parte de las bodegas-destilerías de whisky habían acumulado un importante stock, ralentizando la producción y acumulándola con la creencia de que la crisis habría de durar hasta finales de los años ochenta y hasta primeros del año 1990, provocando el cierre de algunas de ellas. Dada la penuria de producto y al frenesí actual de los coleccionistas y el aflujo de nuevas ediciones raras que han surgido en estos últimos años, decidieron ralentizar su producción. A finales de 1990, la apertura del mercado chino, de Taiwán, de Singapur y del mercado americano, y la posibilidad de vender a través de Internet con una demanda de whisky escocés añejado, fue todavía mayor.

Desde entonces y para hacer frente a la creciente demanda se crean en los Estados Unidos centenares de destilerías artesanales (Craft distilleries), que se crean en Estados Unidos,  reabriéndose en Irlanda y en Escocia sin saber muy bien cómo se va a dar cuenta de toda la producción por parte del mercado.

¿Pero, quién puede adquirir estas botellas a un precio del de un piso o el de una casa? Al parecer algún que otro ciudadano chino ¿y el resto de vivientes? Antes de la pandemia por el Covid-19, los compradores franceses, una rareza de unos diez individuos más o menos. Algunas tiendas de vinos y de licores, si bien, puntualmente, algunas tiendas especializadas, bares y restaurantes de alto nivel. Pueden distinguirse 3 tipos de compradores: el apasionado, el inversor y el especulador, éste último también adquiere grandes vinos, Burdeos, Borgoñas, Riojas u otros que consideran de interés al whisky, un poco como ocurre en el mercado del arte. Esa botella de Glenlivet de 80 años que se vendió por 98.000€, un buen día valdrá 200.000, 300.000 o 500.000€ e incluso alcanzar precios inimaginables en cualquier continente de este mundo mundial.

¿Cómo rivaliza con un cuadro o con una escultura? La plusvalía de una persona física cuando vende un bien mueble, soporta un impuesto de un 36,2% (un 19% como impuesto sobre la venta y de un 17,2% por cotización social), ello en Francia cuando el importe de la venta excede los 5.000€. No obstante, el montante de la plusvalía se reduce en un 5% anual, para finalmente quedar exonerado del pago a partir de los 22 años tras la compra en las ventas iguales o inferiores a 5.000€. A buen entendedor, pocas palabras y cifras bastan…

Beber un poco de historia

Cada cual tiene su propia motivación, sea un aficionado, un apasionado o un especulador. Las mejores oportunidades se encuentran en las grandes casas de subastas y ventas (Sotheby ’s, Fine Spirits Auction, Cavacave, Artcurial…). El coleccionista es un buen conocedor de ellas, así como de los “sites” especializados (Whisky Fun y Whisky Base) que detallan los mejores productos y los más preciados económicamente. También analizan el mercado y la historia de las botellas, su evolución etc,. La fecha de destilación y la del embotellado que es la que otorga la edad del whisky. Por ejemplo, la mención 1967, 18 años, significa que fue destilado en 1967 y embotellado en 1985. Otro dato interesante es el que se corresponde con los cambios en la producción. La destilería Brora, por ejemplo, llevó a cabo modificaciones en las instalaciones en 1975, dato importante por qué los productos elaborados antes de 1975 lo fueron mediante dos alambiques y después, mediante 25 alambiques. Es bueno saberlo.

Contrariamente a la idea clásica de que los whiskys de gran calidad no siempre tienen precios exorbitantes, no debe confundirse a los muy viejos (de 70 u 80 años) envejecidos en barricas de roble y embotellados recientemente, que valen un fortunón, con los whiskys collectors, también viejos pero que cuestan una centena de euros en las tiendas, que se embotellaron y comercializaron hace algunos decenios. Así se puede invertir en un 10 años de edad, de forma poco onerosa, en un producto de 60 años (destilado en 1950 y embotellado en 1960) y que al degustar puede resultar excelente o bien decepcionante, pero siempre se tratará de un whisky histórico, interesante para jóvenes coleccionistas.

Un Glengoyne de 8 años, un Strathisla de 15 años o un Aberlour de 8 años de los años 1970 pueden encontrarse por unos 100 a 150€ en las ventas de subastas. También se pueden degustar viejos y muy viejos blended como un Black & White, un Johnny Walker de los años 1950 o 1960. Los blended de esta época eran generalmente más ricos que los de hoy en día por qué los productores tenían menos en cuenta la rentabilidad económica. Los whiskys muy viejos y de gran calidad mezclados con los más jóvenes, dan a veces blends fabulosos. Es la magia de los años 1950 y 1970 cuando la industria del whisky no se hallaba organizada. Un mundo menos mercantilizado, sin duda. Otra forma clásica de coleccionar consiste en comprar todas aquellas expresiones que parecen un mismo whisky, con versiones más o menos raras, ya que en caso de reventa, el lote completo puede reportar una ganancia considerable. Grandes coleccionistas poseen ejemplares de Ardbeg, Laphroaig, Lagavulin, Yamazaki, Toichi. Los whiskys Bowmore, The Macallan, Bruichladdich, Clynelish, Brora, Highland Park, Karuizawa… también son buenas pistas para invertir. Los valores seguros no deben obstruir a las destilerías emergentes como Chichibu, fundada en 2008 en Japón puesto que para algunos es uno de los primeros y mejores del mundo.

Y recuerda estos nombres que os proporcionamos, la irlandesa Waterford, que lanzó su primer single malt en 2020 (de lo cual dimos buena cuenta en decataencata.com), una destilería que aplica el concepto de terroir en un whisky de calidad única que se produce en serie limitada. Pequeñas ediciones “brut de fût”, jóvenes single casks, de una única barrica de la que se extraen unas 200 botellas, adquiriendo así mucho más valor. Con un embalaje sumamente original, una historia que contar en torno a una marca que contribuye a añadir valor al whisky y coleccionarlo sin arruinarse.

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Un apunte sobre los whiskys franceses

Con cinco destilerías en 2004, hasta 52 en el año 2018, las destilerías galas han pasado de 99 marcas a 115. La pandemia del Covid-19 facilitó que más de un joven destilador se dedicase a este oficio. Los whiskys pioneros fueron Armorik, Rozeli Eures, Eddu, Domaine des Hautes Glaces… Las destilerías inician su producción en gran volumen y exportan con éxito, toda una nueva generación ambiciosa, motivada, creativa, conectada a Internet para dar a conocer su marca, en circuitos cortos siguiendo el cambio de hábitos. Con una calidad equiparable a la de los whiskys que llegan del Tennessee estadounidense, Australia y Australia, nada mejor que saborear el whisky producido en la destilería de aquí cerca. Una opción más responsable y sostenible que cada vez gana más terreno, la del consumo del producto de cercanía.

Y, para gustos, colores. Si la moda de los whiskys de turba que emergió hace 25 años, continúa seduciendo, ¿por qué no ampliarla? Los franceses adoran la turba y por ello está conquistando a un nuevo público. Tanto mujeres como hombres más jóvenes aprecian cada vez más sus notas ahumadas, un sabor especial que no deja indiferente, o bien agrada o se aborrece. Grandes marcas tales como The Macallan, The Dalmore, Glendronach, Glenfarclas, deben buena parte de su excelente reputación a los whiskies envejecidos en barricas que contenían Jerez (“Sherry Casks”), por todos apreciados y en especial por los chinos que literalmente los idolatran. Las barricas para afinado están siempre de actualidad y, que han contenido sauternes, Madeira, ron, borgoñas, Burdeos, Tequila, Calvados… e incluso algas como un nuevo whisky irlandés, el Currach Wakame, afinado en barricas tostadas con algas wakame.

Como podéis observar el mundo del whisky no para de evolucionar.

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