¿ CÓMO AFRONTAR EL ESTRÉS URBANO CON LA MENTE EN CALMA ?

Una ciudad saludable es aquella que involucra a grupos de población en espacios definidos buscando una equidad en la salud; es una ciudad viva, que ofrece a los habitantes espacios también saludables.

Más de la mitad del planeta Tierra vive en el medio urbano. La población española en su 95% vive en menos de la mitad del país. Se calcula que cuando vaya acabando el siglo XXI, 7 de cada 10 habitantes vivirá en las ciudades.

Evidentemente, con una población cada vez más envejecida, que tiende a migrar al medio urbano, por reunir éste mejores condiciones generales de vida, en cuanto a servicios en general, tanto educativos, culturales, de ocio y sanitarios.

Ni que decir tiene, la generación de empleo que ello implica, tanto en la ciudad como en los entornos urbanos próximos a ella.

Pero, no todo es bueno, ya que vivir en la ciudad también implica que la salud mental, en algunas ocasiones entre en riesgo, la contaminación acústica, la lumínica, los espacios, las distancias, las alturas, la soledad, el anonimato, el agobio… La depresión y la ansiedad como resultante ambiental.

La prevención

El ruido suele incrementar la excitabilidad y la irritabilidad y por tanto la tensión y la reacción de estrés, es decir la respuesta del  individuo con agresividad, hiperactividad motora y trastornos del sueño (insomnio de conciliación, sueño ligero, con frecuentes despertares que evitan el descanso reparador). El ruido también puede provocar daño específico del oído interno, provocando una merma de la sensibilidad auditiva y, en casos extremos, sordera, que todavía aísla más a la persona.

La insonorización de las viviendas y lugares de trabajo, y utilizar auriculares pueden ser medios para evitarlo. Pero ¡ojo! si utilizamos auriculares para enmascarar el ruido con música, puede que cada vez sea mayor su intensidad por lo que podrían ser perjudiciales a la larga; por ello conviene seguir las recomendaciones de la OMS para escuchar música sin perder oído.

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https://www.who.int/topics/deafness/safe-listening/es

En cuanto a la polución

Es conveniente realizar la limpieza con mopas humedecidas, reducir las calefacciones, aumentar la frecuencia de salidas a áreas menos contaminadas y utilizar mascarilla para transitar por la ciudad, pese a que no evita la exposición a la contaminación ambiental. 

Las mascarillas anti-contaminación incluso las de mejor calidad (las que suelen utilizar los ciclistas) tan apenas protegen del 50% de las sustancias contaminantes.

Para evitar o paliar la soledad y el aislamiento

El compromiso social, la proyección personal a través de la ayuda, tejiendo relaciones de cuidado mutuo, priorizando el bienestar, el crecimiento personal y ajeno, así como el respeto de un modo igualitario y sostenible, facilitan el equilibrio emocional a través de la participación comunitaria en pos de lograr espacios de convivencia más saludables y a ser posible, “felices”.

El tiempo para uno mismo: “para no descentrarse, centrarse”

Ocio, disfrute, desconexión ambiental, senderismo, yoga, música, baile suelto y muy “agarrado”, pa no caerse, especial mayores, distracción, poesía en movimiento (que diría el dúo dinámico) y ejercicio muscular, el tres en uno. Si no se quiere ir a clases de baile, también valen los ejercicios con música, caseros.

No obstante, recordar saber decir no, seleccionando los eventos sociales, profesionales y familiares en el vivir cotidiano, la programación es vital en caso contrario la distancia entre la actividad placentera y la ansiedad se acorta. El paseo liberador de tensiones, qué sencillo y qué fácil, y, si es cerca de la vegetación todavía mejor (vivir a menos de 300 metros de un parque se ha relacionado con la reducción del riesgo de padecer cáncer de mama. Ello incluye a los niños (cuando sean adultos sus niveles de tensión, nerviosismo y depresión serán mucho menores) y tendrán mayor vitalidad.

Pausa para meditaçao

Un sueño de 7 horas seguido de una breve meditación (10 minutos), es magnífica. 

El llamado mindfulness enseña técnicas para manejar situaciones difíciles y disminuir el estrés (aceptación y compromiso), son marcadores de que este nos está alejando de nuestras propias emociones y pensamientos, de que, de algún modo no somos capaces de su control, recurrir a ellas de modo constante nos indica que el estrés de fondo no está resuelto.

Recordar las vivencias (recientes o remotas) que nos deparan felicidad, nos renace.

También el baño o ducha relajante nos procura esa caricia final tan necesaria.

Antes de entornar los ojos, un último recuerdo del día a nuestro origen, nuestro lugar primigenio que nos vió nacer, así duerme mejor el niño, sabiendo de dónde viene, facilitando la construcción de nuestra bio y “sensografía”.

Si nos paramos a pensar, cada vez somos más turistas del siglo XXI, ya no solo buscamos un único destino al que llegar y pasear, buscamos vivir experiencias para conocer el territorio que nos acoge. Es decir, vivir durante nuestra estancia como viven los habitantes locales pero con las ventajas del viajero que dispone de tiempo libre.

Concebir de este modo nuestro viaje vital nos lleva a buscar destinos que compaginen la oferta más urbanita con las bondades de las pequeñas localidades que nos ofrecen tradición, gastronomía, historia, cultura e intimidad para complementar nuestra experiencia urbana.

Despacito

Pasito a pasito, suave suavecito, poquito a poquito.Luis Fonsi

En estos tiempos veloces, de prisa incontinente, de futuro presente, en que lo queremos todo y ya, ¿qué pasa si levantamos el pie del acelerador y se redescubre por arte de magia, la lentitud, el “slow vital”?

El correr, la rapidez, la prisa, la inmediatez, -recuerdo de la infancia: en que mi padre sacrificaba al pavo navideño (en una ocasión se le escapó) con la cabeza cortada, viajaba hacia ninguna parte, desangrando su vida – … Para el recuerdo  nostálgico, ver nuevamente la película “Deprisa, deprisa” de Carlos Saura nos vuelve a enfrentar a la cruda realidad de la vida sin destino de la juventud madrileña de extrarradio.

Deprisa, deprisa. Carlos Saura, 1981.

El desmesurado crecimiento del sistema económico y financiero, el desarrollo tecnológico y la más que profunda crisis ecológica y biofísica enmarca el llamado Antropoceno o era de los humanos.

Este escenario de aceleración loca que provoca una inadaptación de alto riesgo, requiere terapia de pausa, sosiego y  reflexión, que fije objetivos para el logro de una vida saludable y con perspectiva, que facilite el logro de la misión para nuestro proyecto de vida, de buena vida.

Elogio a la subversión: recrearnos en el mirar, ir más allá del ver, con el contemplar del detalle, sustituir el correr por el andar (caminar, es tan eficaz como el correr, pero con menos riesgo, a efectos saludables), hacer camino al andar en términos Machadianos.

Vivir con prisa no es vivir, es sobrevivir. Carl Honoré

Atrapados en la cultura de la prisa, hace que algunos de mis pacientes cotidianos acudan a la consulta sin saber ni recordar para qué acuden a la misma. Sin duda la falta de reflexión y de mínimo sosiego nos hace actuar irracionalmente y tomar decisiones anómalas, erradas.

Otra de pacientes, la falta de paciencia, la irrupción en la consulta de pacientes sin carácter de urgencia, cuando me hallo atendiendo una auténtica urgencia, alegando aquello de que: ¡estoy yo primero! y el otro infartando…

Hiperestimulación,hiperactividad como resultado de la impaciencia, que nos resta capacidad de disfrute y gozo vital y, es que la razón exige demora.

¿Cuál es el riesgo?: sin duda la falta de determinación de los fines  vitales y a la adecuada organización de la vida en común, provocando un efecto deformante sobre el juicio humano, con ese miedo excesivo hacia eventos improbables y a una confianza sin fundamento hacia situaciones con auténtico riesgo.

Lo urgente no es necesariamente importante: la plétora de actividades “ya”, no suele dejarnos tiempo para plantearnos y enfrentar lo esencial. Son sencillamente requerimientos  y exigencias de un manera de vivir que pretende distraernos y mantenernos ocupados durante todo el tiempo, véanse sino, los teléfonos móviles y las redes sociales que captan nuestra atención y tiempo, para mercantilizar totalmente nuestra atención.

El sistema 24/7

Una cultura vacía de autopromoción y autoabsorción, de una instantaneidad a demanda, de adquirir y tener manteniéndose  aislado de la presencia física de otros y de cualquier sentido de la responsabilidad que esta pueda conllevar. Mina la paciencia y la deferencia individuales, por otra parte cruciales para cualquier forma de democracia directa: paciencia para escuchar a los otros y de esperar a que llegue el turno para hablar. Es el problema de esperar, de intervenir por turnos, ligado a una incompatibilidad más amplia del capitalismo 24/7 con cualquier práctica social en la que intervengan el compartir, la reciprocidad o la cooperación”. Jonathan Crary.

La mayoría de necesidades de la vida humana (hambre, sed, deseo sexual y amistad) se han reformulado como formas mercantilizadas con su toque  financiero, para nutrir el gran motor de la rentabilidad, anomalía incongruente y lugar de crisis global que provoca una profunda quiebra y angustia vital en el plano individual y en el social por la ausencia de seguridad y vínculos en el ámbito laboral, la turnicidad, los horarios intempestivos, las jornadas prolongadas, la incertidumbre, el desajuste entre la demanda de lo que se hace, de lo que se recibe a cambio y de lo que realmente se desea hacer.

Qué bien está equivocarse

Falta tiempo en esta sociedad del rendimiento, tanto si nos proponemos mucho o poco. Esa sensación de no poder acabar nunca de forma satisfactoria lo que hacemos nos hunde pese a que utilizamos menos tiempo disponiendo de menos tiempo que antes, y cuanto más corremos, menos tiempo nos queda, ¡estamos locos!, el tiempo como herramienta de dominación en manos de supuestos gestores incapaces que nos hace unos completos insatisfechos, por ese tiempo desperdiciado, supuestamente.

Necesitamos tiempo para fallar precisamente para poder pensar, reflexionar, preguntar, estudiar, probar, proponer, experimentar… Tiempo para indagar, para errar, para vivir, la perfección es un valor y fallar tiene valor moral de reconocimiento, de corrección, de reparación de humanización, esencia del cambio, de la innovación, para la transformación  y para la adaptación individual y social, para la supervivencia, para la proyección y para la felicidad…

Tempus fugit

Tempus fugit es una locución latina que hace referencia explícita al veloz transcurso del tiempo. La expresión parece derivar de un verso de las Geórgicas del poeta latino Virgilio que dice más exactamente: «Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus» . 

Las relaciones personales también se han acelerado, con falta de intimidad y de conexión pese a que si de algo requieren, precisamente por su complejidad, es de tiempo, trabajo, dedicación, cuidado, mimo y tino. La trampa y el engaño de las webs de contactos suponen un escape a los requerimientos de intimidad.

Lo dicho, si lo que se toca antes de irnos a dormir o al levantarnos, es el móvil y no a la pareja, algo va muy mal, sobre todo en el orden de prioridades.

Todas las aparentemente facilidades de que disponemos en nuestra vida diaria, son micro liberaciones pero también aceleradores de un sistema que nos oprime, aliena con la velocidad y la prisa.

 “No por madrugar amanece más temprano”: la prisa y la velocidad aceleran el tiempo y acortan los días. Hay que ordenar los cajones. La ilusión de la velocidad es la creencia de que ahorra tiempo (Ilusión: el término ilusión se refiere a una percepción o interpretación errónea de un estímulo externo real).

Añadir calidad de vida a los años, des-pa-ci-to: esa es la cuestión.

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