El Cilento es una subregión montañosa de la región italiana de la Campania que forma una península entre los golfos de Salerno y Policastro. Antiguamente, el Cilento formaba parte de la Lucania (junto al Vallo de Diano y el golfo de Policastro): esto ha permanecido en el dialecto local, en las tradiciones gastronómicas y en la toponimia (Vallo de la Lucania, Atena Lucana).
Según algunas tradiciones, el Cilento fue el lugar desde el que las sirenas tentaron a Ulises durante su viaje de regreso a Itaca. Esta región de la parte central y meridional de la provincia de Salerno es una importante región turística del sur de Italia.
Geografía
La costa (del mar Tirreno) está ubicada entre Paestum y el golfo de Policastro, cerca de la ciudad de Sapri. Hay otras ciudades turísticas en varias frazioni costeras, como por ejemplo Santa Maria di Castellabate, Acciaroli, Velia, Palinuro, Marina di Camerota, Scario y Policastro, Bussentino.
Los límites interiores son las montañas Alburni y el Vallo di Diano, a veces considerados como parte de la región geográfica cilentana, que tiene en Sala Consilina su mayor centro.
Las ciudades más importantes en la región son Vallo della Lucania (en el medio), Sapri y Agropoli: esta es la ciudad más grande de Cilento y su principal bahía. La mayor parte de esta zona está incluida en el «Parque nacional de Cilento y el Vallo di Diano».
Historia
Se han hallado restos humanos que van desde el Paleolítico Medio y el Neolítico, hasta la edad de los metales.
Los primeros asentamientos fueron en las cuevas costeras del Cilento en Camerota, lugar en que han sido hallados los restos del homo camaerotensis.
Entre los siglos VII a. C. y VI a. C. arribaron a las costas cilentanas los griegos.
Los sibaritas, descendientes de los aqueos fundaron Posidonia, que en época romana pasó a llamarse Paestum.
Durante esa misma época, los focenses, procedentes de Asia Menor, fundaron Elea (la Velia romana): de allí surgirá la Escuela eleática de filosofía, una corriente presocrática a la que pertenecieron Parménides, Zenón de Elea o Meliso de Samos. También en esa zona se desarrolló la escuela médica salernitana.
Augusto convirtió el Cilento en provincia para criar animales y cultivar alimentos para Roma.
En los años 1990 se propuso crear una nueva provincia en Campania, la de Cilento. Lejos de realizarse, tenía también el problema de elegir capital. Las cuatro candidatas eran Vallo della Lucania (en posición central), Agropoli (la mayor, ubicada al norte), Sala Consilina (la ciudad más poblada del Vallo de Diano) y Sapri (centro del Cilento meridional, la más importante estación de ferrocarril). Otra propuesta, más reciente, sería trasladar Cilento de Campania a Basilicata, como una tercera provincia después de Potenza y Matera.
Patrimonio de la Humanidad
Artículo principal: Parque nacional del Cilento y Vallo de Diano
El 1 de junio de 1997 se incluyó al Cilento en el grupo de las Reservas de la biosfera de la Unesco. En 1998 se inscribió en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad, a los restos arqueológicos de Paestum y Velia, con las siguientes localizaciones, todas en la provincia de Salerno, región de Campania.
Desde 1991, como consecuencia de la declaración del parque nacional del Cilento y Vallo de Diano, unas 180.000 hectáreas del territorio del Cilento, que incluyen 8 comunidades montañesas y 80 municipios, están bajo protección.

Por Oliver-Bonjoch – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, Enlace

Por Ziegler175 – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, Enlace
Las montañas de Sottano y Soprano con colinas kársticas a muy pocos kilómetros de Paestum. El ordeño está cercano en la granja San Salvatore escuchando a Mozart para elaborar una excelente mozzarella, una de las mejores de la Campania. En los grabados de finales del siglo XVIII de Giovanni Battista Piranesi, el ganado pasta cerca de las columnas dóricas del templo de Neptuno, rodeado de agua. Construido en el siglo V a.C. por los sibaritas, un pueblo de la Magna Grecia que vino de Calabria, un templo impresionante que ha sobrevivido a los siglos. En el desembarco de 1943, los aliados instalaron su estación de transmisión entre las columnas de 9 metros de altura, mientras que el resto de los otros dos templos fueron utilizados por la Cruz Roja. Hoy, Pompeya, a 70 km al norte, se halla inundada de visitantes, mientras que aquí, en Paestum el sigilo, la privacidad y la paz están asegurados. Y todo ello en un territorio de belleza pura, la propia de un Parque Nacional, que es el segundo más grande de Italia, con una superficie de 1.800 km², surcado por valles que descienden hasta el mar Tirreno.
Los orígenes de la dieta mediterránea
Los olivos centenarios dominan un paisaje verde que contrasta con los acantilados rocosos de la cercana costa de Amalfi. Las investigaciones arqueológicas atestiguan la presencia de olivos en el Cilento ya en el siglo VI a.C. Se dice que los primeros árboles fueron plantados por los foceos, (griegos de Asia Menor), que fundaron Elea, conocida por su nombre latino de Velia, a unos 40 km al sur de Paestum. Encaramados en la orilla del agua, los restos de la ciudad griega revelan su pasado esplendor. Fue en Elea donde Parménides cuestionó, a principios del siglo V a.C., la noción del Ser Inmutable. Pero el filósofo también estaba interesado en la función del cuerpo. Parménides era un médico en el sentido antiguo de la palabra, en referencia a Apolo, el dios curativo, según las explicaciones del arqueólogo Francesco Uliano Scelza, pudiendo haber sido la primera academia médica de la historia. Para mantener una buena salud, Parménides y sus seguidores practicaban la diaita, una dieta específica acompañada de actividades físicas e interacciones sociales. En la Edad Media, los cartujos de Padula, un magnífico complejo monástico en la frontera con Basilicata, eran famosos por comer solo pescado y verduras. El refinamiento de sus celdas, verdaderas villas y la delicadeza de los mariscos que trajeron de Puglia, les permitieron vivir durante siglos. La longevidad de los habitantes del Cilento fascinó al científico estadounidense Ancel Keys, que llegó a establecerse en la década de 1960 en Pioppi, un pueblo de pescadores a pocos kilómetros al norte de Velia. Fue el primero en destacar los beneficios de una dieta baja en grasas saturadas, rica en frutas y verduras, aceite de oliva, pescado… Su investigación pionera sobre la dieta mediterránea ahora se lleva a cabo en un laboratorio ubicado en un palacio noble en Pollica, un bonito pueblo medieval en las alturas de Pioppi.
Los custodios de las tradiciones
Fundado en Marina di Pisciotta en la década de 1970, el restaurante Da Gerardina se ha convertido en un referente de la cocina local, muy conocido por sus platos de anchoas “menaica”, cuya captura es artesanal y sostenible al estilo tradicional.
Cilento es un terruño de mujeres de temperamento fuerte, como el de la sirena Leucosia, hermana de Parthenope y Ligie. Cuenta la leyenda que se arrojó por un acantilado cuando su lamento no consiguió hechizar a Odiseo y se convirtió en una isla. Un sendero bordeado por pinos carrascos rodea la península desde Punta Licosa hasta San Marco di Castellabate, un paraíso bucólico con acceso a playas bañadas por aguas cristalinas. Más al sur, se halla uno de los tesoros del Cilento, el área marítima protegida de la Costa degli Infreschi. Entre los municipios de Camerota y San Giovanni a Piro, los acantilados de piedra caliza están atravesados por cuevas donde el agua se tiñe de azul fosforescente. Surcada por manantiales subterráneos, la costa es prolija en calas maravillosas, naturales, salvajes, prácticamente inaccesibles, como la Spiaggia del Marcellino, dando la espalda a una escarpada montaña. Es aquí en donde todavía se pescan anchoas de Menaica, con una red de malla muy fina que permite que escapen los peces más pequeños. Cuando llegan a puerto ya están vaciadas y limpias con el propio agua de mar. En Marina di Pisciotta, los últimos pescadores hacen realidad delicias gastronómicas como el carpaccio de anchoas, auténtica delicia lugareña (Trattoria Da Gerardina, que regenta Mariana Coppola). Y para no perder peso (en exceso, claro está) es difícil resistir la tentación de hacer un hueco a la mozzarella nela mortella, antigua tradición en la que el queso de búfala se envuelve en hojas de mirto para preservar su frescura.
Castellabate, con su piedra, tiñe de rosa el atardecer, recordando la película Benvenuti al sud, la versión italiana de Welcome to the sticks.
En la esquina de un callejón, el Palazzo Gentilcore esconde un restaurante al frente del cual está Bianca Mucciolo, autora de un excelente cavato cilentano, un plato de pasta artesanal preparada a base de harina y agua, servida con una cremosa pasta de tomate de su huerto.
A todo esto, el auténtico Cilento no es el costero, sino el interior salvaje con sus aldeas recónditas.
En Bosco está la que fuera la casa del pintor español José Ortega, alumno de Picasso, que trazó la revolución como nadie, aquí a los pies del monte Bulgheria, que con su perfil de leona dormida se eleva majestuosamente a unos 1200 metros de altitud.
José Ortega
Es un auténtico lujo poder visitar la casa de José Ortega en compañía de quien fuera su amigo íntimo, hasta su muerte en 1990,y, en cuya exposición permanente, pueden constatarse los rostros curtidos de los campesinos de su pueblo castellano y su connotación con la trágica historia del propio Bosco, debido a las insurrecciones de 1820 en especial en el sur de Italia contra el poder absolutista borbónico, que en aquel momento gobernaba el Reino de las Dos Sicilias. Levantamientos populares que se sometieron a fuerza de sangre y mala saña. Tanto fue así, que la propia ciudad fue eliminada del registro de municipios italianos, pasando a ser una pedanía del vecino San Giovanni a Piro. De ello da testimonio un fresco de mayólica pintado por Ortega, conocido como el “Guernica del Cilento”.
Llamada la “tierra de los tristes” por la policía borbónica, el corazón salvaje de la región era la reserva de voluntarios de Garibaldi.
Un camino serpentea a través de bosques densos de castaños centenarios hasta Casaletto Spartano, un tranquilo pueblo, donde la Taverna Garibaldi recuerda que el padre de la nación italiana se detuvo en él en 1860 tras su expedición a Sicilia. Cerca de él, un paseo conduce a los Capelli di Venere (Cabello de Venus) que ya mostramos antes, una cascada de fresca ensoñación. A pocos kilómetros de aquí, un cañón de elevadas paredes sobre el arroyo Bussentino, nos eleva unos 600 metros, a lo que anteriormente fue un parapeto defensivo, hoy transformado en un paraíso del senderismo. Al atardecer, las colinas que rodean el cañón forman siluetas vaporosas que se suceden hasta el mar, creando un paisaje de ensueño, donde la naturaleza y la historia se funden en un silencio majestuoso.
MUSICANDO
- Cuando los elefantes sueñan con la música – Música en RNE Audio Vamos al cine 26.08.2025

