BLANCOS ATLÁNTICOS, VINOS CON BRISA MARINA

bodegas Albamar
Bodegas Albamar. Rías Baixas.

Al sur de Galicia y a lo largo de 1860 kilómetros de costa lusa existe un Portugal vitivinícola con personalidad propia: el Atlántico, incluyendo los archipiélagos de Azores, Madeira y Canario, en que aún a pesar de la diversidad regional, con un terruño con características específicas, apto para la producción de vinos blancos (también tintos).

Decataencata.com te presenta hoy esta cata temática con los blancos atlánticos portugueses.

La característica salinidad es uno de los descriptores más usuales cuando hablamos de vinos atlánticos. En realidad, se trata de una forma común de describir un vino cuyas uvas tienen su origen en viñas cultivadas a la vera o cercanos al océano.

Siendo el mar el elemento cohesionador que agrega a un conjunto dispar de regiones vitivinícolas que componen el terruño atlántico, en contraposición con el Portugal montañoso de influencia continental como el de Trás-os-Montes, Douro, Beira Interior, el Dão, o del clima mediterráneo del Alentejo, parte de la Península de Setúbal o el Tejo.

A pesar de la gran disparidad de las regiones que alberga – Minho, Beira Atlántica, Lisboa, Costa Vicentina, Algarve, Azores y Madeira – este terruño tiene en común sufrir la intensa influencia marítima con altos índices de humedad, precipitaciones y salinidad.

Por otra parte, con distintos tipos de suelo (predominantemente graníticos en la zona de los Vinhos Verdes, calcáreos en la Bairrada y Lisboa y volcánico en las islas y la arena dunar o de los estuarios allá en donde la geografía lo marca.

Un rasgo importante, porqué se trata de zonas con temperaturas agradables y reducidas amplitudes térmicas, donde los ciclos vegetativos se inician pronto con cultivos estacionales. Se trata de áreas de gran fertilidad con rendimientos elevados, con pocos o ningún día con heladas. Todo esto forja los vinos que se elaboran en estos pagos.

La diversidad varietal es otra de sus enormes riquezas, son zonas privilegiadas para la producción de vinos blancos de inmensa calidad. Comparten todos ellos, frescura, acidez y ligereza cualidades que los caracteriza.

Las regiones atlánticas

Vamos por partes.

En la zona de los Vinhos Verdes, con suelos de textura arenosa y franco-arenosa, poco profundos, ácidos y pobres en general. Constituyen un buen ejemplo de antrosoles, suelos que se hicieron fértiles por la intervención del hombre. Toman forma de este anfiteatro, de región expuesta a la influencia oceánica por la penetración de los vientos húmedos a través de los valles de los ríos Minho, Lima, Cávado, Ave, Tâmega y Duero. Clima suave con elevados índices pluviométricos que incrementan su productividad agrícola, es una de las regiones europeas con mayores niveles de masa vegetal por hectárea.

En la Beira Atlántica, en la Bairrada, los suelos son bastante heterogéneos, destacando los suelos calcáreos del período jurásico, arenitos del Triásico y conglomerados del Cetáceo.

Lisboa es más que una región, con sus nueve DOC. Por ejemplo, Óbidos ocupa suelos de textura franca y arcillosa, donde predomina el componente calcáreo, en Colares los suelos secos de arena rodeados por una vasta mancha de pinar que la rodea, manteniendo el ambiente húmedo y salino del Atlántico. Finalmente, Bucelas presenta suelos esencialmente calcáreos.

En la península de Setúbal y en la Costa Vicentina conviven dos modelos: suelos de carácter arenoso y ácidos en los llanos, con escasa capacidad para retener el agua, sin base granítica, en la Sierra d’ Arrábida y con altitudes entre los 100 y los 500 metros y con mayor variabilidad climática interanual, con suelos arcillo-calcáreos y clima mediterráneo de influencia atlántica, escasa amplitud térmica y pluviosidad.

Más al sur, el Algarve se divide en tres subregiones naturales: Litoral, Barrocal y la Sierra. En el primero, predominan los suelos arenosos que, como en Colares, impidieron la propagación de la filoxera, persistiendo la viña de pie franco. En el Barrocal predominan suelos calcáreos y arcillo-calcáreos.

En el Algarve, a Barlovento y a Sotavento, se halla en el primer caso, más expuesto a los vientos atlánticos. A sotavento con suelos más arenosos sufre mayor influencia de los vientos cálidos mediterráneos hallándose menos expuestos a los vientos atlánticos.

Finalmente, las islas son el universo más peculiar de los vinos atlánticos. Ambos con formación geológica volcánica, las Azores y Madeira son bastante diferentes.

Madeira, con suelos en general basálticos, de textura arcillosa, goza de clima subtropical, con viñas que pueden hallarse plantadas a nivel del mar, a 700 metros de altitud. Por su parte, en las Azores, el suelo lávico forma oquedades geológicas donde se depositan residuos orgánicos ofreciendo condiciones inigualables para la plantación de la vid, a unos 150 a 200 metros de altitud. En ambos casos, los vinos resultan ser austeros, puros, frescos y minerales, salados y yodados, tensos, persistentes y de enorme frescura.

Una prueba… “savoury”

El término inglés “savoury” se suele utilizar habitualmente en la descripción de sensaciones o sabores, que de forma más literal pudiera traducirse como salado o incluso salino y también como conjunto de características organolépticas sabrosas.

Término este último que encaja perfectamente con la cata de estos 37 vinos atlánticos realizada en Portugal. Destacando la gran participación de los vinos lisboetas, siendo los mejor clasificados los de bairrada/Beira Atlántico, con valoraciones de entre 18,5 y 17,5 puntos. Entre los vinos con 17 puntos la elección fue más heterogénea: Vinho Verde, Setúbal, Lisboa y Azores subieron al podio campeón.

Y, curiosamente, uno de los vinos clasificados tenía un precio de 3,39€.

La heterogeneidad también se cumplió en el intervalo clasificatorio de entre 16,5 y 16 puntos, destacando los vinos del Algarve y de Madeira.

El abanico de precios en esta muestra/cata es sumamente amplio, yendo desde los 2,45 a los 40€, en que más de la mitad costaban menos 9,99€ y los 10 vinos siguientes entre 10 y 15€. Mucho donde elegir y a precios muy asequibles.

Entre el panel de catadores hubo consenso respecto al predominio de la acidez equilibrada, la frescura, la salinidad y la mineralidad de los vinos presentados.

La selección de las variedades respondió al perfil regional esperado, si bien permitiendo una gran variedad de estilos, desde vinos más clásicos y elegantes procedentes de viñas viejas hasta los vinos que apuestan por la ligereza y pureza de la fruta mediante la crianza y la maceración pelicular.

Vinos que pueden ser consumidos en multitud de ocasiones, en las terrazas, en la piscina, en el chiringuito, acompañando a los entrantes, ensaladas, mariscos, pescado de roca a la brasa, carnes y quesos.

Quizá lo más difícil sea escoger.

Otro día os lo indicamos.

pipa, quinta do sanguinhal
Pipa. Quinta do Sanguinhal. Lisboa.

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