AO YUN: VOLAR SOBRE LAS NUBES, EL VINO DE LAS ESTRIBACIONES DEL HIMALAYA

yack del Tíbet
Yack del Tíbet

 

Viñedo en Adong. Möet-Hennessy.

El vino que se produce en las estribaciones del Himalaya, cerca de la  Shangri-La legendaria es el resultado de una aventura al límite. Esta es la de la creación de una bodega en un terruño hasta el momento actual poco explorado.

Fueron 4 años de intensa investigación en la República China, con el objeto de hallar un terruño ideal para producir un tinto a la altura de los mejores del mundo. Entonces se halló este vergel en el norte de la provincia de Yunnan.

Adong, Xidang y Shuori son las aldeas en las que los viñedos de Ao Yun tienen una altitud de entre 2.200 a 2.600 metros, que permite que la cabernet sauvignon se refine hasta el infinito en este suelo singular.

Los agricultores locales han sometido a laboreo estas tierras de forma secular, con la adaptación de sus técnicas agrícolas a las escarpadas laderas de las montañas.

Respetando la tradición local la vendimia y la vinificación tienen lugar de modo absolutamente manual. Este terruño con condiciones climáticas excepcionales tiene temperaturas semejantes a las bordelesas.

Ao Yun

Ao Yun significa “volar entre las nubes”, la propia panza del burro que cubre esta cadena montañosa mágica.

Hablando de su vino, decir que tiene un color intenso, oscuro,profundo. En la fase olfatoria presenta una identidad propia  a través de múltiples capas.Se percibe la especia con canela y regaliz, la frescura con madera y toques de menta y cedro, la tierra con cuero y humus, el mineral con lápiz de grafito y plomo y la fruta roja con cereza y grosella negra. En boca se presenta seco, de cuerpo medio y el paladar con una tanicidad larga y pulida. Confirma la nariz con ricas notas refrescantes, afrutadas y minerales, como peonía, alga marina, frambuesa negra silvestre y grafito.

Equilibrio entre mineralidad, acidez, dulzor y alcohol excelente.

Complejidad, frescura, elegancia y sutiles taninos hacen un caldo único.

Moët Hennessy, el gigante galo de vinos y espirituosos en 2012 decidió plantar vid en China, en lo profundo de la provincia de Yunnan, con el objeto de producir un vino de alta gama facturado a 300 € la botella.

En los albores del Tibet, produce un néctar chino de reputación mundial.

En un espacio natural mágico, puro y salvaje situado en el sudoeste de la China, con una altitud próxima a la del trópico de cáncer, con un clima seco. Está al abrigo de los monzones inhibiendo enfermedades, sin ser necesario enterrar las viñas en invierno para protegerlas de las heladas. La agricultura de altura no es cuestión fácil, en palabras de Maxence Delou director de la bodega abierta desde 1912 tras cuatro años de búsqueda del terruño ideal. Una extensión de 28 hectáreas repartida en más de 300 parcelas, cada una de ellas con un tratamiento diferenciado, a medida de la cosecha.

“Es muy complicado», dice él. En consonancia con el precio de venta (unos 300 € por botella), resultado de 3.500 horas de trabajo anuales, cuatro veces más que cualquier viñedo del mundo.

¿Porqué?. Sin otra explicación que todo hecho a mano, por razones de calidad y singularidad, ya que la mecanización sería poco práctica a esa altitud y con pequeñas parcelas.

Dos mil cajas

El vino tinto, ensamblaje de cabernet sauvignon y de  cabernet franc, bautizado con el nombre de “Ao Yun”, es decir, volando sobre las nubes en chino mandarín en medio de un paisaje rodeando los viñedos que corta la respiración. La producción es confidencial, 2.000 cajas anuales. Möet Hennessy, tiene alquilados los terrenos durante 30 años a los agricultores que se hallaban ahí aumentados a 10 años más a instancias de las autoridades locales. La llegada del gigante mundial ha supuesto un cambio profundo en la forma de producir y de vender a altos precios en los mercados Europeo y Norteamericano.

Maxence Dulou tiene 43 años, instalándose hace 6 años con su esposa en estos lares. El laboreo lo llevan a cabo tibetanos y otras minorías chinas, De la etnia Hans de mayoría china y con franceses, tomando lo mejor de cada una de las culturas y etnias. “Los chinos son muy creativos y no tienen ningún miedo a los cambios”. La gran implicación de Möet-Hennessy ha incentivado la inversión por parte de las autoridades locales, que han asfaltado los caminos y carreteras rurales, extendido la red eléctrica durante 24 horas, construyendo viviendas para facilitar el emplazamiento de los cultivadores, frenando la migración interior.

La producción nacional

Desde hace una decena de años, el gusto de los chinos por el vino se ha incrementado y madurado, debido al aumento de la clase media, que ha aprendido a apreciar el valor de una buena botella, y no sólo por su valor económico.

China se ha convertido en uno de los países con mayor consumo de vino del mundo. Hasta el 2021 se espera que se sea el segundo mercado mundial del vino tras los Estados Unidos, por delante de Francia, según el estudio publicado en febrero del actual año 2018 por Vinexpo/IWSR (International Wine and Spirit Research), con un mercado cercano a los 23.000 millones de $ (dólares).

Pero los hijos del dragón tienen una boca fina para sus propios productos vitícolas: las ventas de vinos chinos ha disminuido por quinto año consecutivo incluso el último, mientras que las importaciones han aumentado un 17%. Con una valoración poco positiva hacia los vinos “Made in China” (Maxence Dulou).

Los chinos confían en el vino francés ya que supone degustarlos desde hace 100 a 200 años, mientras que los vinos chinos cuentan con sólo 10 años de existencia necesitando de ajustes. No obstante piensa que poco a poco podrán lograr vinos notables.

Provincia de Yunnan (China)

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